Algo de rabia tiene que dar. Porque lo ves botar con la cabeza erguida, conduciendo un contraataque con esa melena al aire, y esa barba poblada, y esos ojos con pestañas tan largas que desde la distancia dirías que usa eyeliner, y lo primero que piensas es que tu novia te dejaría tirado para irse con él. Y lo segundo que piensas es que tu equipo y tu afición te dejarían tirado para irse con él. Y algo de todo eso pasó por la cabeza de Jeff Teague para calentarse como se calentó cuando quedaban 5:20 minutos para que terminase el partido en Utah. Vio a Ricky Rubio correr con el balón por la banda y lo empujó con el hombro para echarlo contra el banquillo de Minnesota. Una acción que no venía a cuento, una falta flagrante que supuso su expulsión y propició la derrota 116-108 de los Timberwolves en casa de los Jazz. Pero que es algo que puede pasar cuando trotas al lado de Ricky Rubio y te das cuenta de que tú nunca vas a ser Ricky Rubio

Porque Jeff Teague se sabe un usurpador. Hoy en día los Wolves son un equipo de playoffs, aunque no el equipo de playoffs que soñaban ser. A diferencia de los Philadelphia 76ers, ellos abandonaron su proceso a la mitad. No confiaron en Ricky. Llegó Tom Thibodeau y tras una temporada de prueba decidió que la vía más rápida para el éxito era reconstruir a sus viejos Chicago Bulls. Llamó a filas a Taj Gibson y a Jimmy Butler. El precio para hacerse con este último, un all-star, era desprenderse de aquel base prohijado por la afición de Minneapolis durante unas temporadas de crecimiento, en las que se vio obligado a madurar rápido para hacer de hermano mayor de Karl-Anthony Towns y Andrew Wiggins. Thibodeau sustituyó a Rubio por Teague, que es más anotador, más atlético y más veloz que el español. Pero que al mismo tiempo es menos, un jugador más vulgar que el español. Eso hay quien no lo olvida. 

Cuando expulsaron a Teague por su falta sobre Rubio, Jimmy Butler, que es un apóstol de la intensidad sobre la pista y que se quedó en casa recuperándose de una lesión de rodilla menos grave de lo que parecía, abrió su cuenta de Twitter, la misma que no miraba desde hacía más de dos años, y escribió: “Hace años que no uso Twitter, pero sí, Jeff, eso es lo que me gusta ver. Rubio se levanta demasiado rápido sin motivo”, aludiendo a que Ricky se irguió tras la carga dispuesto a ir a por el base rival hasta que los árbitros lo detuvieron. La primera respuesta que recibió Butler, quien ya se las había tenido tiesas con el español en el partido en Minnesota, le explicó el quid de la cuestión al protegido de Thibodeau: “Ricky es más Minnesota de lo que tú, Thibs o ese imbécil de Teague llegaréis a ser jamás“.  

Antes de que a Teague se le cruzase el cable, llevaba 25 puntos y mantenía a su equipo en el partido pese a la expulsión al filo del descanso de Towns por una segunda técnica al protestar una decisión arbitral. Los locales, que lucían ese nuevo uniforme de Nike que recuerda una puesta de sol sobre los terrenos rocosos de Utah, vivían de los puntos de un Donovan Mitchell dispuesto a arrebatarle el título de rookie del año a Ben Simmons y de un Rudy Gobert tan imparable como siempre bajo el aro (27 puntos ambos). Al cabo se impusieron unos Jazz que huelen la posibilidad de luchar una plaza para las eliminatorias en los veinte partidos que restan de temporada regular, frente a unos Wolves que sin Butler aún desconocen si tienen que luchar por ser terceros u octavos de la Conferencia Oeste. 

Sí, los Timberwolves se han convertido en un equipo ganador pero a cambio de sustituir aquel encanto casi juvenil de su líder en la pista por la mueca de disgusto perpetua de tipos como Butler, Teague y Thibodeau que, cuando se encuentran a Rubio, parecen decididos a destruirlo para erradicar el poso que dejó en la franquicia. El abrazo que Andrew Wiggins le dio a Ricky al terminar el encuentro parecía un abrazo de alivio. Todo el mundo parece más feliz al lado del base de El Masnou. Y eso tiene que causar rabia en tipos como Teague que lo empujan contra el banquillo llevados por la frustración. 

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