Pocos rookies en la NBA durante los últimos años han estado tan expuestos a los focos como Lonzo Ball. Y no siempre como algo positivo. Tener a un bocazas por padre, algo de lo que nunca ha tenido la culpa, pesó más que ser una auténtica estrella en la universidad y ganarse por méritos propios ser elegido por Los Ángeles Lakers en el número dos del draft. Media liga, y también parte de sus aficionados, ya se habían formado una opinión sobre él antes siquiera de pisar una cancha profesional. Y no precisamente buena.

Para colmo, los inicios de Lonzo Ball no fueron fáciles en el Staples. Su actitud fría y su rara mecánica de tiro aumentó las lupas sobre su rendimiento, que está siendo discreto, al menos en cuanto acierto. Ese contra nublaba todos los pros que ha sumado a lo largo del curso, como la defensa, su visión de juego o el hecho de que esté a un paso de coquetear con los triples-dobles cada noche.

Incluso ha tenido que ver cómo otro novato, Kyle Kuzma, elegido al final de la primera ronda, le robaba el protagonismo en los Lakers. Muchos jóvenes, Ball sólo tiene 20 años, se habrían hundido, pero su personalidad le está permitiendo ganarse el respeto de compañeros y rivales y ya ha puesto de su parte a algunas de las estrellas de la liga como Stephen Curry: “Espero que a mí no me juzgaseis por mis 20 primeros partidos en la NBA…“.

El base nunca ha parado de confiar en si mismo y en los últimos encuentros ha encontrado el acierto que necesitaba. Tras perderse unos cuantos encuentros por lesión, Lonzo Ball ha regresado para ayudar a los Lakers a enlazar una buena racha que se va a las cinco victorias seguidas. La última, en San Antonio, donde tumbó a los San Antonio Spurs en otra gran muestra de carácter. Con el encuentro igualado, Zo asumió la responsabilidad en el último minuto y medio y clavó dos triples que pusieron por delante a los californianos y sentenciaron el encuentro.

El novato terminó con 18 puntos, 11 asistencias y 7 rebotes, completando una carta de tiro desde larga distancia de 11 de 16 en los últimos tres encuentros. No es fácil saber lo que le deparará el futuro a Ball, pero si tuviera que apostar diría que dentro de no mucho tiempo habrá gran cantidad de gente que tendrá que comerse sus palabras a cerca de su juego.

Este último arreón laker servirá para seguir sentando las bases del futuro, pero no para llegar a playoff. Eso sí, los californianos han influido con su último triunfo en la carrera por las últimas plazas, poniéndola al rojo vivo. El Oeste parece más salvaje que nunca y a falta de los últimos encuentros de temporada regular todo está por decidir con la única excepción de Rockets y Warriors. Quedan seis plazas por adjudicar y un total de ocho equipos separados por únicamente tres victorias.

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