Pau Gasol y Marc Gasol saltaron a por el primer balón del partido y comenzaron así otro de esos duelos fraternales que ya forman parte de la historia de la NBA. No hace tantos años que los dos pívots ocupaban la portada de la edición española del videojuego NBA 2K16 con una imagen que los mostraba enfrentados en el All-Star Game. En esta ocasión se encontraban en un escenario menos glamuroso, un partido de temporada regular en San Antonio que los Spurs de Pau ganaron 100-98 a los Memphis Grizzlies de Marc. Y si esta temporada está siendo algo para los dos jugadores, es regular. 

A sus 37 años, Pau nunca ha jugado tan pocos minutos por encuentro, tan solo 25, ni ha anotado tan poco (10,7 puntos de media aderezados con 8,4 rebotes y 3,7 asistencias). Aun así su rol sigue siendo importante en un equipo tan coral como el de Gregg Popovich, más aún en una temporada marcada por la prolongada y algo misteriosa ausencia por lesión de Kawhi Leonard, del que ya se dice que está enfadado con la franquicia. El mayor de los Gasol, consciente de haber bajado un peldaño en la élite de la liga, disfruta al menos del baloncesto colectivo que siempre le ha gustado y de la competitividad que anhelaba cuando huyó de unos Chicago Bulls en descomposición hacia Texas. 

Hace muchos años que los Spurs no se encontraban tan lejos, a 12 victorias, del liderato de la Conferencia Oeste. Con 37 triunfos y 27 derrotas ocupan el quinto puesto entre los ocho equipos que pueden acceder a playoffs y harían bien en no despistarse, ahora que la lucha se está apretando gracias al despertar de franquicias como Utah Jazz, décimos, pero a solo tres victorias de los del Álamo.

Si Leonard no retorna, a San Antonio le resta aferrarse a la aventajada pizarra de Popovich y a la experiencia de Parker, Ginóbili y el propio Pau Gasol como únicos argumentos para frustrar a los candidatos más bisoños que aún sueñan con ocupar una plaza en las Finales de la NBA. Vivir la alta intensidad de la postemporada parece un premio capaz de saciar el ansia competitiva de un tipo tan ganador como Pau. 

“Ojalá yo pudiese gozar de ese mismo consuelo”, estará pensando su hermano menor. Marc Gasol es la única cara reconocible en un roster, el de los Grizzlies que ostenta el peor récord de toda la competición: 18 victorias y 45 derrotas. Con Mike Conley ausente por lesión, y Chandler Parsons más dedicado a la vida de playboy que a la de jugador de baloncesto en Tennessee, el pívot de 33 años comando un equipo de desarrollo, una franquicia de la G-League transplantado a la NBA. 

La devoción de Marc por el equipo de la ciudad en la que creció mientras su hermano Pau debutaba en la liga, está bien documentada. Resta por conocer hasta dónde llega el límite de la fidelidad. Si los Grizzlies van a reconstruirse hasta volver a ser competitivos, el jugador español tendrá que ver pasar más temporadas con récord negativo mientras se desvanece el punto álgido de su carrera. Todo apunta hacia un traspaso durante el próximo verano. Franquicia y jugador deben separarse o, como en las relaciones tóxicas, se van a hacer daño.

Marc Gasol sumó anoche 23 puntos, 10 rebotes y 4 asistencias que fueron insuficientes para evitar la derrota, otra más, ante el equipo de su hermano Pau, que registró 2 puntos, 7 rebotes, 4 asistencias y una lesión en el hombro que le obligará a perderse el próximo partido de los Spurs. Aún así, tuvo tiempo de preocuparse por la familia: “Es entendible que mi hermano se sienta frustrado, como no podía ser de otra manera. Cualquier competidor preocupado por rendir al máximo reacciona de la misma manera, algo que demuestra que se trata de un verdadero líder, que siempre está dispuesto a luchar y nunca rendirse”.

Pau ganó, que es lo que le gustaría volver a hacer más pronto que tarde a Marc, quien se tiene que conformar con compartir en sus redes sociales una conferencia del mítico entrenador John Wooden en la que explicaba que el éxito no reside únicamente en las victorias. Es una idea que se debe repetir a sí mismo cada vez que lee la clasificación de la NBA.