Ahora o nunca. Si Derrick Rose puede volver a ser un jugador con futuro en la NBA lo vamos a descubrir en los próximos meses. El último tren para el base que fue declarado MVP en 2011 va a partir de manera inmediata hacia Minnesota. Rose vuelve a su hogar, no al físico, pero sí al sentimental. En los Timberwolves se reencontrará con el entrenador Tom Thibodeau y los excompañeros Jimmy Butler y Taj Gibson, todos ellos parte de aquellos Chicago Bulls con los que hace siete años se proclamó mejor jugador de la liga y compitió por llegar a las finales de la Conferencia Este. La noticia de su fichaje la adelantó el periodista especializado en primicias de la ESPN Adrian Wojnarowski, y un par de horas más tarde fue confirmada por el equipo. 

Rose estaba sin equipo desde el día 10 de febrero, cortado por los Utah Jazz, con los que no llegó a disputar un solo minuto. Lo despidieron tal y como llegó, con el estatus de un mero elemento de intercambio entre las operaciones que llevaron a cabo los Cleveland Cavaliers, el equipo con el que arrancó la temporada, para remodelar su plantilla casi al completo

El jugador de Illinois disputó en este curso tan solo 16 encuentros, siete de ellos como titular, con 9,8 puntos de media por partido y un acierto del 44% en tiros de campo y 25% en triples. Su fichaje por los Cavs apuntaba a ser una ocasión pintiparada para que Rose demostrase que podía ser un buen complemento para un jugador tan dominante como LeBron James, que vive un nuevo momento álgido en su carrera. El experimento no pudo resultar peor. El base recordó al jugador que defraudó en los New York Knicks, el mismo que no levanta cabeza desde que comenzó su rosario de lesiones en Chicago en la temporada 2011-2012. Otro nuevo problema en un tobillo lo apartó de las convocatorias de Cleveland, hasta que, exasperado por su mala fortuna, el jugador sopesó si valía la pena seguir jugando al baloncesto

Ahora, en los Timberwolves, el jugador más joven de la historia en ganar un trofeo MVP, se pone en las manos del técnico que mejor provecho sacó de sus características: una explosiva bala de físico poderoso capaz de percutir en el aire contra los mejores defensores para anotar canastas inverosímiles dentro de la zona. Pero aquel era un Rose sano. Cuesta trabajo confiar en que sus castigadas piernas recuperen la potencia de tres primeras temporadas en la NBA, a la que llegó en 2008, cuando fue escogido novato del año. Sus pobres porcentajes en el lanzamiento exterior y su tendencia a apoderarse del balón sin ser un pasador excepcional, han lastrado su adaptación a otro rol en los últimos años. 

En aquellos Chicago Bulls de Tom Thibodeau, Rose tenía a Butler y Gibson como escuderos. Ahora, en Minnesota, sucederá al revés. Él deberá auxiliar en cuanto pueda a un Jimmy Butler que se recupera de una lesión de rodilla mientras se consuela con exponer su habitual espíritu combativo a través de las redes sociales. Thibs situará a su antiguo protegido como suplente de Jeff Teague en una posición en la que los Wolves necesitan recambios de garantías si esperan prosperar en los playoffs de la Conferencia Oeste. 

Los que recordamos las proezas del joven Derrick Rose deseamos tres cosas de este fichaje: que se mantenga sano; que se sienta útil; y que de algún modo pueda ser un jugador capaz de mirar con dignidad a su reflejo del pasado. 

 

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