Pocas franquicias en la NBA merecen más entrar en playoffs este año que los Utah Jazz. Por merecimientos, eso lo primero, ya que desde que comenzó 2018 están jugando un gran baloncesto y son uno de los mejores equipos de la liga, pero también por cómo se han levantado a nivel de gestión tras la salida de Gordon Hayward.

Porque las cosas llevan haciéndose muy bien varios años en Salt Lake City, pero la pérdida de su estrella podría suponer una bofetada para un mercado pequeño que soñaba con volver a ser grande. Pero la elección de Donovan Mitchell y la llegada de Ricky Rubio han sostenido a un equipo que está muy cerca de volver a meterse en las eliminatorias por el título.

Anoche dio un importante golpe sobre la mesa en la visita a New Orleans Pelicans, sobreponiéndose a otra monstruosa actuación de un Anthony Davis que sigue a lo suyo: triple-doble con tapones. Los Jazz fueron capaces de rodear al gigante gracias, en parte, a un gran encuentro de Rubio. Y ya van unos cuantos. El crecimiento y la madurez del español van más allá de su cambio de imagen y, cuando su equipo más lo necesitaba, rindió a la altura de los grandes: 30 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias. Triple decisivo incluído en el último cuarto. Rubio mantuvo a los Jazz en el partido mientras esperaba el despertar de Mitchell, que hizo 25 puntos em un cuarto y medio para darle la puntilla a los Pelicans.

Es la sexta victoria consecutiva para ellos, undécima seguida fuera de casa, algo que sin embargo no les sirve para estar en puestos de playoffs. Porque contra esto también le está tocando luchar a los Jazz, una Conferencia Oeste que vuelve a estar carísima. Los dos próximos encuentros en casa, frente a Pistons y Suns, deben servir para culminar la remontada.

Porque su efervescencia contrasta con el agotamiento de otros equipos venidos a menos, grupo que encabezan los San Antonio Spurs. Ni siquiera Popovich ha podido poner solución a las numerosas lesiones en San Antonio y la temporada se les está haciendo demasiado larga. Esta misma noche se miden a los Rockets sin Aldridge, Ginóbili ni Leonard, cuyos problemas físicos continúan siendo un misterio.

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