Mientras comentaba el San Antonio Spurs-Washington Wizards, el entrenador Jeff Van Gundy recogía los ecos de la portentosa actuación de Dwight Howard, autor de una línea estadística histórica (32 puntos y 30 rebotes) en el triunfo de los Charlotte Hornets sobre los Brooklyn Nets. Y Van Gundy, que no tiene pelos en la lengua,dejó claro el sentir de muchos en el ambiente NBA: “Lo raro es que no lo haga más. Habría más gente que querría jugar con él”. Hay amargor en las palabras del extécnico de los Knicks y los Rockets, porque la carrera de Dwight Howard se ha ido perdiendo en la intrascendencia y la obsolescencia del juego de los pívots clásicos. Y cuando explosiones como este espectacular 30-30 suceden, dan más rabia que fascinación.

Aunque el pívot lleva una temporada sorprendentemente buena en cuanto a estadísticas en su primer año con los Hornets, el producto final no ha sido positivo.Los de Charlotte no entrarán en playoffs y se encaminan a un debate interno fuerte, con el puesto del entrenador Steve Clifford en el aire, con la llegada de un nuevo manager general (Mitch Kupchak en cabeza de los candidatos) y la duda de si la gran estrella, Kemba Walker, seguirá en el equipo. Por eso, la actuación portentosa de Dwight Howard es un destello en el medio de la grisura, y un recuerdo de lo que podría ser Superman mucho más habitualmente. Porque en el trasfondo de las palabras de Van Gundy está que Howard ha sido un compañero tóxico en varios vestuarios de la NBA por su carácter y su egoísmo. 

Van Gundy también apuntó a la supuesta obsolescencia de Howard, que se empeña en intentar hacer lanzamientos de 5 metros cuando incluso un tiro libre es un gran desafío. El técnico se lamentaba en directo que si Dwight se dedicase a rebotear, defender, correr la pista y bloquear fuerte para continuar hacia canasta, Howard seguiría siendo una fuerza considerable para cualquier equipo con aspiraciones en la NBA. Hacer 30-30 en un partido de máxima élite sólo lo había hecho en el siglo XXI Kevin Love, con los Timberwolves. Antes, otros seis jugadores, empezando hace 30 años con Moses Malone. En total, en la historia de la NBA se ha repetido 132 veces que un pívot anotase 30 puntos y capturase 30 rebotes. Una cifra engaños, porque 100 de esas veces pertenecen a Wilt Chamberlain.

“No en los números, pero se lo he visto hacer cada semana, incluso cada noche, cuando era más joven. Le he visto dominar partidos de una manera asombrosa”, explicó su entrenador Steve Clifford, que ya tuvo al pívot a sus órdenes en sus mejores años con Orlando Magic. “A ver, es increíble que te nombren al lado de Kareem Abdul Jabbar, uno de los tíos que me inspiraron cuando crecía, él y Wilt Chamberlain”, dijo Dwight Howard tras el hito estadístico.

También dio la clave del por qué su gran actuación, sobre todo en la segunda parte: “Sólo pensé que mi energía y nivel de esfuerzo no era el necesario para que nuestro equipo ganase. Recibí un mensaje en el móvil al descanso de alguien, y como que me motivó y me dio una energía extra”. Quizás el problema de Howard todos estos años es que miraba el teléfono en el descanso, o que nadie le dijo eso antes. 

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