Cualquiera que viera saltar a una pista al mejor equipo de la NBA durante esta temporada, con el MVP James Harden al frente, para medirse a un quinteto titular formado por Dejounte Murray, Patty Mills, Kyle Anderson, Danny Green y LaMarcus Aldridge, tendría muy claro qué apostar. El problema es que el segundo grupo son los San Antonio Spurs y están entrenados por Gregg Popovich. Así lleva varios años la franquicia texana, desafiando a la lógica y con el legendario técnico inventándose nuevos trucos para sacar el máximo rendimiento a muchos jugadores que, de no ser por él, pasarían por la liga de contrato en contrato de 10 días.

Parecía que esta temporada iba a ser el fin de los Spurs. Las continuas lesiones, la más misteriosa la de Kawhi Leonard, que además enrareció mucho el ambiente del vestuario, dejaron muy tocado al equipo. Hace semanas semanas la decadencia fue a más y llegaron a estar fuera de los puestos de playoff.

Todo cambió en el último mes, con el último golpe de timón de ‘Pop’. Decidió darle una vuelta a su rotación y sentó a Pau Gasol, como ya había hecho en enero con Tony Parker. Los dos, junto a Ginobili, Rudy Gay y Forbes, forman una segunda unidad con pocas piernas pero mucha inteligencia que de momento los rivales no están sabiendo contrarrestar.

Esta revolución le ha servido a los Spurs para, como buen equipo veterano, ganar los partidos que tenía ganar. El calendario de marzo llegaba cargado de duelos directos que iban a definir si el equipo ponía fin a su hegemonía o se levantaba una vez más. Seis triunfos seguidos, entre ellos a Pelicans, Timberwolves y Jazz, además de otra victoria contra los Thunder, único rival en la lucha por los playoff que ha conseguido derrotarlos en las últimas semanas.

Popovich y los suyos han empezado igual de bien el mes de abril, derrotando a unos Rockets que llegaban tras 11 triunfos seguidos. Lo hacían sin Chris Paul, cierto, pero que le hablen de bajas a los Spurs. Vuelven a ser cuartos en el Oeste y le quedan seis partidos para defender ese puesto de privilegio. Y seguro que cuando lleguen las eliminatorias ninguno de los equipos emergentes querría tener que jugársela en San Antonio… y menos si vuelve Leonard.

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