Se acabó la locura. El sprint vertiginoso del Mach Madness 2018 terminó después de dos semanas con muchas sorpresas y grandes historias, y en el que por fin, en el encuentro por el título, algún equipo hizo lo que se esperaba de él. La universidad de Villanova fue la encargada de poner cordura, cumpliendo con los pronósticos e imponiéndose con claridad a Michigan (79-62).

Los Wildcats apenas dejaron dudas, como ya habían hecho durante toda la temporada. Posiblemente el mejor equipo de la NCAA a lo largo del último curso lo haya sido también en el gran baile, venciendo todos sus encuentros por diez puntos o más y esa sensación de tener bajo control un campeonato ingobernable. Algo tan difícil o más que el hecho en sí de ganarlo.

Empezaron mejor los Wolverines, con unos primeros minutos que parecían poner en peligro la lógica, pero pronto apareció la estrella de la noche. Y lo hizo desde el banquillo. Donte DiVincenzo, un joven al que la NBA ni siquiera tenía en el radar, anotó 31 puntos y capturó cinco rebotes para llevarse el reconocimiento de mejor jugador de la final. Merecidamente, teniendo en cuenta el hecho estadístico histórico de que nadie había anotado tanto como suplente en una final.

Hasta cinco triples clavó DiVincenzo, cuya actuación seguro que atrajo las miradas de los ojeadores profesionales, si no de la NBA sí de media Europa. Ese registro, además, es el reflejo de que Villanova, además de ganar, lo hace jugando un baloncesto moderno, el de los sabermetrics que llevan años perfeccionando equipos como Warriors y, sobre todo, los Rockets. Los Wildcats han batido el récord de triples anotados en una Final Four.

Continúa así el dominio de Villanova, que suma su segundo título en dos años, colocando también a su entrenador Jay Wright en compañía privilegiada como tercer técnico en activo que gana más de un título. Con él, dos mitos como Roy Williams y Mike Krzyzewski, que a su trayectoria universitaria suma además todo lo logrado con la selección de Estados Unidos.

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