El proceso está completo y parece que ya nada puede parar a los Philadelphia 76ers. Ni siquiera la lesión de su jugador franquicia, la cara de todo este proyecto que han construido los Sixers. Joel Embiid tuvo que pasar por el quirófano y posiblemente se pierda parte de los playoff, pero su ausencia, al contrario de lo que podía parecer, no le ha afectado al equipo, que tras derrotar a los Detroit Pistons suman ya 12 victorias consecutivas, la mejor racha de la franquicia desde 1990.

Cuatro de esos triunfos, los últimos, han sido sin el pivot camerunés, ausencia que el técnico Brett Brown ha suplido con una combinación lógica: más galones para Ben Simmons, su otra estrella, y un paso adelante de los veteranos. El novato sigue añadiendo méritos a su ya sólida candidatura a Rookie del Año. Siempre a la sombra de Embiid, el atípico base australiano está promediando casi un triple doble en su primera temporada (a pesar de no poder tirar más allá de la línea de tiros libres) y no le ha pesado la responsabilidad.

Y a dónde Simmons no llega, lo está haciendo la experiencia. El poso de jugadores que nunca han sido estrellas en la NBA pero sí están curtidos en mil batallas. Ahí están brillando JJ Redick e Ilyasova. El escolta ha liderado a los Sixers en puntos en los dos últimos encuentros, anotó 25 con cinco triples ante los Pistons, mientras que el turco ha sido el mejor reboteador en dos de los cuatro triunfos. Todo esto completado por los primeros flashes de Markelle Fultz mientras el número 1 del pasado draft trata de ponerse a tope.

Es cierto que el calendario de los Sixers ha sido sencillo y no han conseguido nada todavía, por lo que para avanzar en playoff necesitarán que Embiid vuelva a buen nivel. Pero sin él no sólo han logrado consolidarse en el cuarto puesto de la Conferencia Este, sino que además están igualados ya con los Cavaliers en la lucha por la tercera plaza. Este viernes reciben a Lebron James y los suyos en el Wells Fargo Center (uno de los grandes partidos que restan de la temporada regular) con la posibilidad de dar un golpe sobre la mesa y soñar a lo grande.

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