Mientras unas franquicias se parten la cara por hacerse con un hueco en los playoff de la NBA, otras dedican el final de la temporada regular a otro tipo de actos, casi con carácter solidario. Este es el caso de Los Ángeles Lakers. Históricamente en el primer grupo, el equipo californiano ha quedado para ser noticia por historias curiosas como el fichaje de Andre Ingram, escolta de 32 años que firmó su primer contrato en la NBA a los 32 años tras una década en la liga de desarrollo.

La conocida como D-League (G-League ahora que la patrocina Gatorade) sirve de trampolín para jóvenes que no logran entrar en el draft o para jugadores que son cortados y tratan de ganarse una nueva oportunidad en la mejor liga del mundo. El auge que ha experimentado en los últimos años ha atraído más dinero y, por lo tanto, otro tipo de jugadores que buscan ganarse la vida en los equipos afiliados a las franquicias y, por qué no, esperar a que les toque la lotería con algún contrato de 10 días.

No es el caso de Ingram, cuyo tesón y perseverancia lo han convertido en uno de los grandes personajes de esta competición. Tras no ser elegido en el draft de 2007, se enroló en los Utah Flash, donde militó cuatro temporadas convirtiéndose en el máximo anotador histórico. No logró que nadie le diera la oportunidad y pasó a Los Ángeles D-Fenders, afiliado de los Lakers, y con idas y venidas ahí ha estado desde 2011.

Este año ha jugado 47 encuentros en los renovados South Beach Lakers, promediando algo más de nueve puntos por partido y, lo que más ha llamado la atención de Magic Johnson y Luke Walton, con un 47,5 por ciento desde la línea de tres. La puntería no es algo nuevo para él, ya que nunca en su carrera ha bajado del 40 por ciento y tiene dos temporadas en las que anotó más de la mitad de sus triples intentados.

Con esa capacidad desde el perímetro y la evolución que ha sufrido el baloncesto NBA, cada vez más entregado al lanzamiento lejano, puede llamar la atención que nadie se haya interesado antes por Ingram. Las franquicias utilizan cada vez más la D-League como laboratorio para experimentos y no es difícil ver a temporeros ganándose una oportunidad.

Ha Ingram ha tardado en llegarle, quizá más de lo que él esperaba, pero entre los Ball, Kuzma y compañía tratará de alargar el sueño lo máximo posible como ha hecho Quinn Cook. El ahora base de los Golden State Warriors, campeón universitario con Duke pero olvidado el draft de 2015, llevaba varios años peleando para hacerse un sitio en la NBA hasta que los campeones se la han dado. De hecho han acabado cortando a un jugador de la plantilla como Omri Casspi para poder contar con el base de cara a los playoff ante las continuas lesiones

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