“Nos patearon el trasero”, resumió Steve Kerr tras el último partido de la temporada regular de sus Golden State Warriors. Los vigentes campeones fueron vapuleados en la pista de Utah Jazz con un marcador final de 119-79. Esta derrota por 40 puntos es la peor en la etapa del exitoso técnico en el banquillo californiano. No es que el partido sirviese para nada: los Warriors eran segundos de la Conferencia Oeste y en esa posición se quedarán, con un récord final de 58 victorias y 24 derrotas. Es el tercer mejor balance de la NBA tras los de Houston Rockets y Toronto Raptors, únicos equipos con los que han perdido la ventaja de campo para los playoffs.

Si algún interés tenía el encuentro era el de tomarle el pulso al máximo favorito al anillo ante uno de los equipos más en forma de la competición. Y el resultado del diagnóstico es preocupante. “Necesitamos el espíritu competitivo, necesitamos la salsa, el disfrute, y no hemos tenido mucho de eso, así que nos toca centrarnos”, explicaba Kerr tras el repaso recibido a manos de los de Quin Snyder. A la temporada de los de la Bahía de San Francisco le ha faltado continuidad, encontrar un hilo al que aferrarse. La sucesión de lesiones, que llegó a juntar a sus cuatro all-stars en la enfermería, ha obligado a mostrar versiones improvisadas de un equipo antaño inabordable. Aun así y con todos sus achaques, han rondado las 60 victorias en la temporada. Eso es lo que les sigue haciendo temibles. 

Ocurrió que en los Jazz se encontraron al mejor equipo de la segunda mitad del campeonato, un grupo en un momento dulce que resultó demasiado para los destemplados Warriors que formaron con todas sus estrellas a excepción de Stephen Curry, que se perderá la primera ronda de playoffs. Mientras solo Klay Thompson, con 23 puntos, daba el nivel en una noche nefasta en el tiro para los campeones (Kevin Durant acabó con 13 tantos, y el equipo registró tan solo un 35% de acierto en tiros a canasta), el estelar rookie de Utah, Donovan Mitchell, encestaba 22, incluyendo cuatro triples que le dan el récord de canastas de tres puntos para un novato en una temporada: 186 triples que superan la marca fijada por Damian Lillard, el base de Portland Trail-Blazers.

La victoria sitúa a Utah Jazz provisionalmente como terceros del Oeste. Por nada del mundo querrían los Warriors encontrárselos en playoffs. Han caído frente al equipo de Ricky Rubio en tres de sus cuatro enfrentamientos de esta temporada y siempre por paliza, con un margen medio de 29,6 puntos de desventaja. A falta de una jornada, los Oklahoma City Thunder serían el rival en primera ronda para Golden State, un sapo difícil de tragar: el habitualmente excitado Russell Westbrook se vuelve todavía más imprevisible cuando tiene delante a su ex compañero Durant. Pero todo puede pasar aún en el apretadísimo final de la Conferencia, donde incluso los Jazz podrían acabar quintos. 

“Hay que poner las cosas en perspectiva. Cuando era un novato, solo ganamos 23 partidos y ahora algunas personas dicen que ganando 58 tenemos un mal año. Es increíble”, reflexionó Klay Thompson. No parecen demasiado preocupados en California, sino confiados en poder elevar sus prestaciones en las eliminatorias. Kevin Durant cree en el porvenir ganador de la franquicia y está dispuesto a seguir con Golden State, aunque por más dinero. El último MVP de las finales se declarará agente libre para reestructurar su contrato y cobrar lo máximo como la estrella que es, tras haber aceptado una rebaja en sus dos primeros años para que los Warriors pudiesen mantener en nómina a suplentes como Iguodala o Livingston

Aun así, tras la paliza en Utah, Durant avisaba: “Tenemos que mejorar”. Steve Kerr asiente.