Hay maneras de perder y maneras de perder. En la NBA, por mucho que le fastidie al comisionado Adam Silver, se sigue perdiendo a propósito porque más allá de la derrota existe el incentivo de una recompensa en forma de elección alta en el draft. Se puede perder estratégicamente, el denominado tanking, o incluso ir más allá: crear una obra de arte de la gestión deportiva, el Trust the Process de Sam Hinkie que sirvió para transformar, derrota a derrota, el páramo que eran los Philadelphia 76ers en el equipo más sexy de la liga y quizás la mayor amenaza para LeBron James y sus Cleveland Cavaliers en los playoffs de la Conferencia Este. Pero lo que no se permite en la mejor liga de baloncesto del mundo es perder para ser mediocre. 

Menos de 48 horas después del final de la temporada regular, han comenzado a reproducirse las escenas de entrenadores cogiendo los marcos con fotos de su familia, sus archivadores y su taza con el lema “Al mejor papá del mundo”, para meterlo todo en una caja de cartón junto con su finiquito. Jeff Hornacek, de los New York Knicks; Frank Vogel, de los Orlando Magic; y Steve Clifford, de los Charlotte Hornets han sido despedidos de sus puestos de trabajo. 

A Hornacek se le recordará como el símbolo del inicio de la capitulación de Phil Jackson como general manager de la franquicia neoyorquina. El Maestro Zen se apartó de su red de conocidos y amigos del triángulo ofensivo para aceptar en 2016 a un técnico que había destacado al frente de los Phoenix Suns. Con un balance total de 60 triunfos y 104 derrotas, y lastrado este año por la lesión de Kristaps Porzingis (puesto 11 del Este, con 29 victorias y 53 derrotas), el antiguo escolta de Suns, Sixers y Jazz fracasó en su única misión: devolver a los Knicks a playoffs. Junto a él se marcha del Madison Square Garden su asistente Kurt Rambis

Lo de Frank Vogel resulta más descorazonador. De su paso de dos temporadas por la ciudad de Disneyworld queda un balance de 54 partidos ganados y 110 perdidos y la sensación de que quizás haya hecho suficiente teniendo en cuenta el material con el que contaba. Apenas Aaron Gordon y Nikola Vucevic, con todas sus carencias, se pueden considerar figuras en un roster escaso de talento. Vogel, arquitecto de aquellos Indiana Pacers que amenazaron la hegemonía de LeBron durante sus años en Miami Heat, al menos deja a los Orlando Magic (penúltimos del Este, con solo 25 victorias) bien situados para el draft: son el quinto equipo con más opciones de lograr el primer pick

A Steve Clifford, por raro que resulte decirlo, quizás le han hecho un favor con su despido. El entrenador de Charlotte Hornets se perdió un mes de competición por unos fuertes dolores de cabeza que, según los doctores, podrían deberse a lo poco que dormía. Quizás sus desveos surgían al ver que se le escapaban de nuevo los playoffs. En sus cinco cursos en Carolina del Norte bajo la supervisión del dueño Michael Jordan, solo clasificó dos veces al equipo para la postemporada y cometió el peor pecado: ni ganar mucho, ni perder lo suficiente. Su balance global fue de 196 victorias y 214 derrotas (36-46 y décimo puesto esta temporada), una pequeña diferencia entre las dos columnas que revela el camino a ninguna parte que tomaba la franquicia. El reciente anuncio de que Mitch Kupchak, el antiguo general manager de Los Ángeles Lakers, tomaba los mandos deportivos ya auguraba un cambio de entrenador. 

Estos adioses no serán los últimos en los banquillos de la liga. Hay franquicias, como Milwaukee Bucks o Phoenix Suns que tienen a técnicos en situación de interinidad, y otras que necesitan un cambio de rumbo. Además, esperando una llamada de teléfono para cubrir las vacantes, aguardan entrenadores con renombre como Mark Jackson, Jason Kidd o David Fizdale. Nadie puede estar tranquilo en el banquillo porque la NBA es la competición deportiva en la que hasta para perder hay que saber hacerlo bien.