Sólo fue un mal día. Eso demostraron los Houston Rockets en el cuarto partido de la serie que los enfrenta a los Minnesota Timberwolves. El equipo texano, el mejor de la NBA durante toda la temporada regular, no quiere gastar excesivas energías hasta encontrarse con Golden State y más allá de ese bache, pretende solucionar la primera ronda por la vía rápida.

Los de Minnesota opusieron resistencia durante los dos primeros cuartos, pero cuando la máquina se engrasó no tuvieron nada que hacer. Así lo refleja el 50-20 para comenzar el segundo tiempo, con las armas habituales de los Rockets. Harden recuperó su nivel MVP para irse hasta los 36 puntos, y estuvo bien acompañado por un Chris Paul que hace tiempo que no quiere los focos, pero pone sobre la mesa números de escándalo: 25 puntos, 6 rebotes, 6 asistencias y 5 robos de balón… con sólo una pérdida.

No necesitan mucho más en Houston, con Capela para encargarse de recoger toda la basura que cae por la zona, la propia y la rival, y proteger el aro (4 tapones). En los Wolves nadie aguantó el ritmo, sólo Towns y, sorprendentemente, un Derrick Rose que está rindiendo a gran nivel desde que Thibodeau le concedió su última oportunidad para seguir en la liga. No son suficientes.

Si todo sigue según lo previsto después de este 3-1, los Rockets se medirán en la siguiente ronda a los Utah Jazz, que colocaron idéntico resultado en su serie con los OKC Thunder. El dominio de los mormones no ha sido tan espectacular, pero con un ritmo machacón están consiguiendo sacar de quicio a Westbrook, Anthony y compañía. Así lograron el tercer triunfo seguido en la eliminatoria.

El duelo entre Ricky Rubio y Westbrook era el gran atractivo del cuarto encuentro. Después de una actuación estelar del español, el MVP Thunder había asegurado ante los medios que no volvería a suceder. Empezó muy agresivo, tratando de intimidar a Rubio, pero el resultado no fue el esperado. Paciente y consciente de las dificultades de su rival para mantener la concentración durante muchos minutos, el base de los Jazz fue cogiendo lo que le daba el partido y sacándole faltas a Westbrook, que ya sumaba cuatro antes del descanso.

A mitad del segundo cuarto Ricky pasó al ataque y el partido cambió. No había dado ninguna asistencia y sumó cinco en unos minutos, anotando además esas suspensiones que tantas alegrías le han dado este año. Bajo su dirección y el acierto de Ingles, con tres triples seguidos antes de irse a vestuarios, los locales dieron el primer golpe sobre la mesa y el pabellón de Salt Lake City explotó.

El segundo tiempo fue para Donovan Mitchell y Rudy Gobert, cada uno a lo suyo. El rookie atacó el aro sin piedad y se fue hasta los 33 puntos, mientras que el francés se encargaba de mantener a raya todo lo que se acercaba a la canasta ‘jazz’. El encuentro terminó con mucha tensión, faltas duras y varias técnicas, pero con la franquicia de Utah a un paso de meterse en las semifinales de conferencia.