Es tiempo de unicornios. Anthony Davis ha confirmado en estos playoffs que está a la altura de cuanto venía prometiendo. El ala-pívot de los New Orleans Pelicans fue el ariete que inició la demolición de los Portland Trail Blazers y su mera presencia hace fruncir el ceño con gesto de preocupación incluso a los Golden State Warriors a los que se enfrentará en la siguiente ronda. Los Milwaukee Bucks de esta temporada están muy lejos de poder arrasar a un rival, pero al menos cuentan con otro fenómeno de la naturaleza dispuesto a confirmar todas las alabanzas que se vienen vertiendo sobre él. Y Giannis Antetokounmpo, The Greek Freak, ha dispuesto el escenario perfecto para comenzar a construir su leyenda en la liga. 

No hay cancha con más historia en toda la NBA que el Boston Garden y su inconfundible parqué. No hay afición más orgullosa que la de los Celtics. Aun frente a una versión disminuida de los verdes, huérfanos de Kyrie Irving, el reto de superar al equipo más laureado de la competición en su propia cancha en un séptimo y definitivo encuentro de playoffs es la prueba de fuego que cualquier aspirante a estrella desearía. Y esa es la que se ha ganado Antetokounmpo para el próximo domingo tras conducir a los Bucks a la victoria 97-86 en el partido que empata la serie a tres triunfos para cada equipo

La línea estadística del líder de los Bucks recoge 31 puntos, 14 rebotes, cuatro asistencias y solo siete minutos de descanso en todo el partido. A los de Joe Prunty no les sobra nada, y solo la mínima cautela justifica dejar a Giannis en el banquillo. Aun así, por una vez tuvo una escolta suficiente en Khris Middleton y Malcolm Brogdon, que aportaron sendos 16 tantos para despegar al equipo en el segundo cuarto, donde los Boston Celtis se quedaron en unos paupérrimos 15 puntos. 

En los visitantes Al Horford no mantuvo el papel destacado del quinto encuentro y se quedó en diez tantos y diez rebotes. El entrenador Brad Stevens ha conseguido construir un equipo capaz de quedar segundo de la Conferencia Este con jugadores tan jóvenes como Jaylen Brown o Jayson Tatum, pero la inexperiencia impide que puedan rendir de manera constante como en sus mejores noches. Por ahí se desmadejan estos Celtics, capaces de presentar batalla a cualquiera pero no siempre de ganarla. 

El partido decisivo del domingo entraña lecturas muy diferentes para las dos franquicias. Un triunfo del corajudo grupo de Boston querrá decir que este equipo de Stevens sigue quemando etapas antes de lo previsto, adelantándose a los tiempos, y aspirando a llegar a las finales en un futuro cercano tan pronto como las estrellas Irving y Hayward estén sanas. A Milwaukee, que continúa con un técnico interino tras la salida de Jason Kidd, una derrota les hará pensar en regresión y temer que Giannis pueda expresar su disgusto con el rumbo de las cosas más pronto que tarde. Pero que eso no suceda es responsabilidad del propio Antetokounmpo, a priori el mayor talento que hay en las dos plantillas, y que el domingo en el Garden va a jugar el partido más importante de su carrera, el de su consagración a ojos de toda la NBA. 

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