Primer cuarto. James Harden bota el balón entre sus piernas en la cabeza de la línea de tres puntos mientras Jae Crowder aplica sus cinco sentidos en marcarlo al milímetro. Por el perímetro de esa misma línea se reparten otros tres jugadores de los Houston Rockets. El quinto, Clint Capela, el pívot al que vigila Rudy Gobert, se pega a la línea fondo, fuera de la zona, lo más alejado que puede de la canasta sin entorpecer al compañero clavado en la esquina del triple. Con los elementos dispuestos en su sitio, Harden hace su magia. Una colección de fintas hacen perder el paso a Crowder y La Barba sale como un rayo en línea recta hacia canasta. Gobert, alejado del aro por el marcaje a Capela, llega tarde para interceptar al futuro MVP de la NBA, que tiene tiempo de lanzar una bandeja bombeada por encima del larguísimo brazo del baluarte defensivo de los Utah Jazz

Segundo cuarto. Situación idéntica. Harden vuelve a dejar atrás a su par. Gobert, el ancla del mejor sistema defensivo de la competición, recuerda lo que pasó antes y se aleja de Capela en cuanto puede para bloquear el camino al aro del base de los Rockets. Este, que no es ese Russell Westbrook al que los Jazz apearon en la ronda anterior, sabe cuáles son las mejores decisiones y cuándo tomarlas. Mientras el gigantesco defensor salta para taponar, el balón ya no está en manos de Harden. Lo ha soltado en el último instante para que llegue a su compañero libre de marca, quien machaca el aro a placer. 

Y así fue como, bastándose del talento de un jugador en un momento de forma excepcional, el equipo con el mejor récord de la temporada regular ganó el primer partido de las semifinales de la Conferencia Oeste 110-96. Harden firmó 41 puntos, ocho rebotes y siete asistencias, comandando una noche excelsa en el tiro de los Rockets. Los tejanos encestaron 17 triples de 32 intentados (su estrella hizo 7-12), un descomunal 53,1% de acierto, mientras que los Jazz se quedaron en siete canastas de tres puntos de 22 intentadas. Con la muñeca así de fina, las opciones de victoria de Houston se disparan. 

Todos los jugadores de los Rockets que intentaron algún triple, excepto un fallón Eric Gordon, anotaron al menos la mitad de sus lanzamientos. Así desangraron a los Jazz y abrieron una brecha de más de 20 puntos antes del descanso. Los de Quin Snyder colocaron a Royce O’Neale como titular en el sitio del lesionado Ricky Rubio, que se podría perder al menos otros tres partidos de la serie por culpa de sus molestias en la corva. La ausencia del base español se notó tanto en defensa como en ataque, donde el rookie Donovan Mitchell tuvo que crear y anotar. Él y Jae Crowder, con sendos 21 tantos, permitieron al equipo hacer una intentona final y redujeron la ventaja de los Rockets a 12 puntos en el último cuarto. 

En ese momento volvió a aparecer James Harden. Encestó un triple, en la siguiente jugada anotó bajo canasta y el entrenador de Utah se puso ya a pensar en los ajustes que su equipo va a necesitar si quiere tener alguna opción en esta eliminatoria. “Tienes que intentar ponérselo más difícil en muchos aspectos. Requiere que todo tu equipo lo defienda porque es más que capaz de encontrar cualquier debilidad en una situación dada. Lo ve todo. Eso es lo que lo hace tan especial, que tiene que la habilidad de finalizar todas esas jugadas”, dijo Snyder sobre su quebradero de cabeza tras el encuentro mientras se exprimía la mollera.