Brad Stevens siempre encuentra la manera. Resulta hasta repetitivo, pero al mismo tiempo indispensable mirar al banquillo cada vez que juegan los Celtics para entender que todo lo que hace el equipo verde tiene sentido. Y lo tiene incluso perdiendo a estrellas en cada paso del camino. Sin Hayward empezó la temporada ganando 14 partidos seguidos, luego se quedó sin Irving y Smart y terminó segundo en la Conferencia Este. Eliminó a los Bucks y ahora, añadiendo la baja de Jaylen Brown, ha ganado el primer partido de semifinales ante unos Sixers que habían sido uno de los mejores equipos en la primera ronda de playoff.

Con Ben Simmons y Joel Embiid campando a sus anchas, hacía mes y medio que nadie encontraba la forma de frenar a los de Philadelphia. Lo consiguió Stevens con un plan claro ejecutado a la perfección: limitar al máximo las transiciones en las que Simmons se recorre la pista en tres segundos y, sobre todo, proteger la línea de tres contra esos francotiradores de élite que son Redick, Belinelli o Covington. El resultado fue el pobre 5 de 26 en triples y apenas 45 puntos antes del descanso.

Sólo Embiid era capaz de producir, siempre en la pintura, castigando la debilidad interior verde a pesar del buen partido del gigante Aaron Baynes. No fue suficiente. No lo fue, en parte, porque los Sixers van a contracorriente de esa máxima que dice que para atacar bien debes defender bien. Lo hacen al revés, y cuando no encontraron su ritmo en ataque se les cayó todo lo demás. Encajaron 30 o más puntos en todos los cuartos menos en el primero y le permitieron a Horford llegar a los 26 con sólo dos fallos en el tiro o a Terry Rozier (la gran historia de los playoffs en los Celtics) un 7 de 9 desde el triple.

Philadelphia nunca estuvo cerca de ganar el primer encuentro, con Jayson Tatum y Marcus Smart tomando las riendas del último cuarto para mantenerlos a raya. Queda mucha serie todavía, pero los Sixers vuelven a la tierra y a estas alturas se habrán dado cuenta de que van a tener que sufrir lo indecible si quieren continuar con su bonita historia y, sobre todo, no deben menospreciar a un equipo perfectamente entrenado, por más que el talento que haya enfrente sobre la cancha no sea el mejor.

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