Los Utah Jazz parecían haber pagado un peaje demasiado alto para eliminar a los OKC Thunder con la lesión muscular de Ricky Rubio. La ausencia del base español parecía un obstáculo demasiado grande para superar la ya complicada misión de hacerle frente a los Rockets de James Harden. Eso pareció en el primer partido, con triunfo fácil para los de Houston, pero la franquicia mormona se ha levantado y de la mano de Donovan Mitchell ha conseguido igualar la serie en el Toyota Center y recuperar el factor campo.

Conscientes de la ausencia de Rubio, los Rockets buscaron frenar a Mitchell con la fórmula habitual para castigar a los rookies: obligarlos a tomar decisiones constantemente. Los cambios en los bloqueos eran habituales e incluso los dos contra uno. Pero este no es un novato al uso y lo lleva demostrando todo el año. No se obcecó en hacer la guerra por su cuenta y se dedicó a repartir juego eligiendo siempre la mejor opción. Terminó con un total de 11 asistencias, mejor marca de la franquicia superando a un tal John Stockton.

Funcionó Mitchell y funcionó el banquillo, tanto en la aportación de la segunda unidad como la del entrenador. Porque Quin Snyder, y sus asistentes, siguen dando exhibiciones y sus ajustes en defensa provocaron que los Rockets casi nunca estuvieran cómodos. Cortaron la producción desde la línea de tres, dejando como único recurso el pick & roll de Harden y Capella. Funcionó durante muchos minutos, lo que les permitió disfrutar de ventajas cercanas a los 20 puntos antes del descanso.

Todo eso se fue abajo en el tercer cuarto, cuando La Barba entró en ebullición. Remontada y amenaza con dejar la serie encarrilada. Fue entonces cuando aparecieron dos secundarios para mantener el fuerte. Alec Burks, llamado a ser importante hace un año y que se ha perdido en la rotación, dio un paso al frente como lo hizo Dante Exum. Entre los dos le dieron tiempo suficiente a Mitchell para respirar y coger aire de cara al último cuarto.

De nuevo todos los Jazz se remangaron y finiquitaron el encuentro con un parcial de 2-16 gracias de nuevo a la dirección del novato y el acierto desde la distancia, ejemplificado en un Joe Ingles que sigue siendo clave (7 de 9 en triples). Ahí estuvo una de las claves, en el acierto más allá del arco. Porque los Rockets, que tienen ahí su mejor arma, sólo fueron capaces de anotar el 27 por ciento de sus lanzamientos totales (37).

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