Lo que hace unas semanas, al inicio de los playoff de la NBA, parecía encaminado a emparejar a Toronto Raptors y Philadelphia 76ers en una final de la Conferencia Este renovada, ha dado un giro de 180 grados en los últimos días. Porque tanto Lebron James y sus Cavaliers como los mermados Boston Celtics, que tuvieron que llegar al séptimo para eliminar a Pacers y Bucks, están imponiendo su jerarquía en las semifinales y han dejado sus series vistas para sentencia, con sendos 3-0 que ahora mismo parecen imposibles de revertir.

En el caso del conjunto verde hay que señalar la inestimable colaboración de su rival. Los Sixers, que no habían estado bien en ninguno de los dos encuentros en el Garden, se entonaron en su vuelta a casa, aunque con altibajos. Llegaron igualados al final del encuentro y ahí, quizá porque en algún momento tenía que salir, pagaron la novatada. Porque no se trata tanto de que sean un equipo joven, sus dos estrellas Simmons y Embiid si lo son, pero están rodeados de veteranos, sino de un proyecto al que la oportunidad de ganar le ha llegado demasiado pronto. Y no estaban preparados.

Sólo así se puede explicar la secuencia de errores que encadenaron los de Brett Brown en el tramo final. Una pérdida de balón de Redick cuando tenían la última posesión y con el partido empatado. Este fallo lo solucionó Belinelli sobre la bocina para forzar la prórroga. Pero en el tiempo extra volvieron a insistir en pegarse un tiro en el pie. Convington marcó a Horford por donde no debía y, en la jugada siguiente, Simmons perdió de nuevo el balón. Todo esto, mezclado con la pizarra mágica de Stevens tras los tiempos muertos, pusieron el último clavo en el ataúd sixer.

No necesitó concesiones Lebron James, que sigue cargando con unos Cavaliers que, de todas formas, al menos han dejado de estorbarle. Kevin Love volvió a colaborar con 21 puntos y 16 rebotes y Korver sigue infalible desde la línea de tres puntos. Fueron mucho mejores los locales durante todo el encuentro, superando claramente a unos Raptors que no encuentran respuestas sin los desaparecidos DeRozan y Valanciunas.

Sí consiguieron apretar en el último cuarto, cuando la defensa de los Cavaliers se relajó, y a punto estuvieron de forzar la prórroga. Pero ahí estaba James para solucionarlo. Como si no le supusiera ningún esfuerzo, con empate a 103 en el marcador y 6 segundos en el reloj se recorrió la pista y se sacó un tiro a cinco metros, desequilibrado, a una mano, contra el tablero. Fue en lanzamiento que completó su actuación de 38 puntos, 6 rebotes y 7 asistencias. Fue el lanzamiento que lo coloca al borde de una nueva final de Conferencia. Fue un lanzamiento que, según él mismo, “no es un tiro fácil, no lo intenten en casa”.

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