Nunca se debe dar nada por hecho en una competición tan larga como la NBA. Las lesiones, las relaciones entre compañeros o, simplemente, los picos de forma a lo largo del año, pueden destruir equipos llamados a dominar la competición. No ha sido el caso esta vez, en la que Golden State Warriors y Houston Rockets empezaron el curso como grandes favoritos al anillo y no han hecho otra cosa que demostrarlo a lo largo de la campaña. Tras dejar en el camino a New Orleans Pelicans y Utah Jazz, las dos franquicias ya afilan los cuchillos para lo que será una final anticipada.

Uno de los secretos de su éxito está en la colección de estrellas que tienen. Esa que hace, por ejemplo en el caso de los Rockets, que si James Harden no está del todo fino (no ha sido la primera vez en esta serie), aparezca Chris Paul para sacarte las castañas del fuego. El base, al que hace tiempo que no le interesan los focos como solista, se fue hasta los 41 puntos y 10 asistencias en el quinto y definitivo partido para, y esto es lo sorprendente, alcanzar por primera vez en su carrera una final de Conferencia.

Utah Jazz forzó hasta donde pudo. Viendo el estado físico de su plantilla, con muchos jugadores tocados, incluso parece una gesta que hayan sido capaces de ganarle un encuentro a los de Texas. De nuevo sin Ricky Rubio, a la que esta vez se añadió la baja de Dante Exum, con Derrick Favors no pudiendo jugar más de un cuarto de hora, se mantuvieron en el partido hasta el último cuarto, pero no les alcanzaba para más. La lluvia de suspensiones de Chris Paul desde todas las partes del campo fueron demasiado para los Jazz, que además perdieron a su estrella, Donovan Mitchell, por una preocupante lesión en un pie.

Su año, eso sí, ha sido tan meritorio como el de los New Orleans Pelicans. Se da el caso de que los cuatro equipos de semifinales, los que avanzaron y los que no, deberían estar contentos con el resultado. Porque los Jazz, como el grupo que lidera Anthony Davis, han completado una temporada espectacular en la que sólo dos equipos que están a otro nivel han podido frenarlos.

Esa distancia sideral se explica perfectamente en que, con Davis haciendo 34 puntos y 19 rebotes, y Holiday un triple-doble con 27 puntos, 10 capturas y 11 asistencias, los Pelicans no pudieran ni siquiera competir. Steve Kerr tiró de nuevo de su quinteto de la muerte y a los Warriors les duró el encuentro dos cuartos.

En estos dos encuentros se han encargado de despejar todas las dudas acumuladas en los últimos dos meses, pero en la final se enfrentarán, seguramente, al rival que supone la mayor amenaza desde que comenzase su dictadura en la Conferencia Oeste. Lo que parece claro para muchos es que, sean Warriors ó Rockets, el que salga vencedor de esta final se coronará como campeón de la NBA, sin importar quién salga triunfador en el Este.