La Conferencia Este no ha querido esperar más y como su homóloga del otro lado de Estados Unidos ya tiene final de la NBA. Los Boston Celtics estarán en ella por segundo año consecutivo después de dejar en el camino a los Philadelphia 76ers con aparente facilidad. Porque ese 4-1 puede reflejar un camino de rosas que no ha sido tal, en una serie en la que casi todos los encuentros se han decidido por detalles o errores. Estos últimos siempre fueron cometidos por los Sixers. Los primeros, controlados por Brad Stevens.

La quinta batalla no fue una excepción a esto. Liderados por Jayson Tatum y Jaylen Brown, los Celtics quisieron imponer el ritmo desde el primer momento y consiguieron despegarse poco a poco hasta que llegar al descanso nueve arriba. En el tercer cuarto despertó Joel Embiid y todo cambió. El camerunés logró 11 puntos en un abrir y cerrar de ojos para meter de nuevo a los suyos en el encuentro.

Los de Philadelphia llegaron a ponerse por delante en los últimos minutos, pero de nuevo no supieron gestionar un final apretado. Pese a la derrota, el pivot camerunés ha demostrado que ha llegado para quedarse como uno de los mejores de la liga, algo que tendrá que confirmar su compañero Ben Simmons. Todavía aspirante a rookie del año, el australiano no se ha sentido cómodo ante el planteamiento de Stevens. En el partido decisivo se fue a los 18 puntos, pero tuvo la peor estadística de +/- de su equipo (-13).

Su bloqueo contrasta con la veteranía con la que ha jugado otro novato, este sí del presente curso: Jayson Tatum. La lesión de Gordon Hayward le obligó a crecer a marchas forzadas y ahora mismo puede decirse que esa desgracia se ha convertido en bendición para los Celtics, que han descubierto a un diamante para el futuro. En ambos lados de la cancha, además.

Ya están los de Boston donde se imaginaban con sus movimientos de verano, aunque seguramente no de la forma esperada. La montaña rusa de temporada, con numerosas lesiones y sin poder contar en playoff con sus dos estrellas principales (también se cayó Irving), no le han impedido ganarse el derecho de intentar lo que nadie ha conseguido desde hace más de un lustro: evitar que Lebron James juegue las finales de la NBA.

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