“Celebramos todo lo que Dwane ha hecho por esta organización, se lo agradecemos y le deseamos solo lo mejor para el futuro. Fue fundamental para crear la identidad y la cultura de los que somos como equipo, y estamos muy orgullosos de eso”. Con este elogio envenenado anunciaba Masai Ujiri, el presidente de operaciones de los Toronto Raptors, que acababa de despedir al entrenador del equipo, Dwane Casey. El veneno de sus palabras reside en que esa identidad de los canadienses que ha calado en toda la NBA es que, por mucho que mejoren cada año, caen aplastados por las expectativas en playoffs. Bueno, por las expectativas y por LeBron James

El despido de Casey se produce en la misma semana en la que la Asociación de Entrenadores de la liga lo premiaba como técnico del año (una votación entre pares en la que, por cierto, Brad Stevens no recibió voto alguno). Se produce dos días después de que Ujiri declarase que no iba a haber una revolución en el equipo y afirmaba “Creo en Dwane Casey. Creo en el trabajo que ha hecho”. Se ve que no tanto. 

Cuando el preparador de 61 años acabe de recoger las cosas de su despacho, podrá maldecir a la estrella de los Cleveland Cavaliers por su mala fortuna. Desde que llegó a Toronto con el marchamo de ser el estratega defensivo asistente de Rick Carlisle que con los Dallas Mavericks logró frustrar a los Miami Heat del propio James, no dejó de mejorar al equipo. Han sido siete temporadas de progresión sostenida que lo convirtieron en el mejor técnico en la historia de la franquicia con 320 victorias y cinco apariciones en postemporada de las diez que suman los Raptors. Pero es ahí donde todo se tuerce para él. 

Coach Casey acababa de perfeccionar su obra con el mejor récord jamás logrado por el equipo (59 victorias y 23 derrotas), la primera posición de la Conferencia Este y una rotación profunda en la que junto a Kyle Lowry y DeMar Derozan lucían también novatos como VanVleet y Anunoby, además de clásicos como Valanciunas, Ibaka y C. J. Miles. Pero de repente, LeBron. Este año, como el anterior, los Cavs barrieron 4-0 al supuesto favorito del Este en semifinales de conferencia. Era la tercera temporada consecutiva en la que El Rey los apeaba de la lucha (la anterior fue un 4-2 en la final del Este). Y, con el rapero Drake removiéndose en su asiento de primera fila del Air Canada Centre, Ujiri ha dicho basta. 

“Después de pensarlo con cuidado, he decidido que este es un paso muy difícil pero necesario que la franquicia debe dar. Como equipo intentamos constantemente crecer y mejorar para llegar al siguiente nivel”, se justificaba el responsable de la dirección deportiva. Y lo cierto es que es innegable la sensación de que los Raptors son tan fiables en temporada regular como inconsistentes en playoffs. Pese al 4-2 final, ya sufrieron más de la cuenta para derrotar a los disfuncionales Washington Wizards de esta campaña en primera ronda. Ante los Cavs, se desmoronaron. 

Al final, los Toronto Raptors eran buenos, pero no tanto, y la frustración por no maximizar sus opciones año tras año ha pesado más que la digna hoja de servicios del entrenador. “Cuando vi que Kevin Love posteaba cuatro o cinco posesiones sobre C. J. Miles sin que este recibiese ninguna ayuda, anoté en mi libreta ‘Van a despedir a Casey'”, contó en su podcast el periodista de la ESPN Zach Lowe. Parece que las notas de Ujiri eran parecidas. 

No Hay Más Artículos