Quedó claro en el primer partido de la final del Oeste que los Houston Rockets iban a necesitar mucho más que los aclarados de James Harden si querían hacerle frente a los Golden State Warriors. La capacidad defensiva de los campeones y, al mismo tiempo, las múltiples posibilidades para responder a las canastas de La Barba con más puntos exigían un paso adelante de sus compañeros. Mike D´Antoni aseguró que no iban a cambiar su manera de jugar a pesar de que Harden llegó visiblemente agotado al final la batalla inicial. Eso fue sólo una verdad a medias. Ya que aunque partiendo siempre del mismo punto, los texanos le dieron una vuelta a su ataque y desarbolaron a la casi siempre y inaccesible defensa californiana.

Dos claves tuvieron la culpa de que los Rockets le devolvieron la paliza a los de Kerr y puedan viajar a Oakland con la serie empatada. La primera terminar los ataques lo más rápido posible. Transiciones rápidas con buenas decisiones para finalizar. La segunda, y más importante, el acierto. Sobre todo el acierto desde la distancia de dos secundarios que marcaron la diferencia. PJ Tucker y Eric Gordon se combinaron para un 11 de 15 en triples y 49 puntos entre ambos. Este último recordó a ese microondas que durante la temporada regular sostenía al equipo sin problemas durante los momentos de descanso de las dos estrellas.

Una vez funcionaron los francotiradores, todo lo demás fluyó y tras el descanso ya no hubo partido. Porque Harden no estuvo nada fino desde la distancia, pero lo compensó colaborando en el movimiento de balón. Los Rockets terminaron con más asistencias que los Warriors, algo en lo que también tuvo que ver Chris Paul, de nuevo con mucho trabajo oscuro pero fundamental para su equipo.

Steve Kerr y los suyos nunca encontraron respuestas. Dando la sensación de rendir siempre por debajo de lo esperado. Sólo Kevin Durant dio la cara, pero los papeles se cambiaron, demostrando, como le había sucedido a Harden en el primer duelo, que un jugador (por muy bueno que sea) no alcanzará para ganar esta final anticipada de la NBA. Sus 38 puntos enfrentados a 0 asistencias recordaron a esas cruzadas en OKC Thunder que no llevaban a ningún sitio.

Pero puede que no le quedase más remedio ante el apagón de sus compañeros. Ni Draymond Green, ni Klay Thompson llegaron a los 10 puntos, en el caso del escolta sin anotar en toda la segunda parte. Y, para colmo, Stephen Curry no tuvo su día desde el triple, con un pírrico 1 de 8. Queda mucha serie y le toca ahora ajustar a Kerr, pero de momento los Rockets han demostrado que si quieren revalidar el anillo, los Warriors tendrán que dar su mejor nivel.