Una soberana paliza. Esa posiblemente sea la mejor forma de definir lo ocurrido en el tercer partido de las finales de Este entre Cleveland Cavaliers y Boston Celtics. La serie viajaba al Quicken Loans Arena con la sensación de que podía terminarse por la vía rápida tras los dos primeros encuentros de dominio verde, pero la reacción del equipo de Lebron James, en fondo y forma, probó lo contrario. Los locales dominaron de principio a fin y acabaron ganando por 30 puntos para poner el 2-1 en la eliminatoria y lanzar un aviso a los aspirantes.

Y lo mejor para los Cavaliers es que ni siquiera necesitaron de una de esos milagros diarios de Lebron James. ‘El Rey’ estuvo presente y fue importante, por supuesto, sobre todo por su acierto en el tiro, 27 puntos, y a la hora de repartir juego, 12 asistencias. Pero fue una victoria de equipo, la resurrección de un bloque que por fin ha dignado a aparecerse para completar, por el momento de la temporada, el mejor partido del año.

Empezando por George Hill, uno de esos jugadores que había llegado la revolución del último día de mercado. El base abrió el camino con 11 puntos en el primer cuarto y una gran puntería desde la distancia. Esa fue la tónica habitual para todos los Cavs, con el propio Lebron y Korver combinándose para un 7 de 7 en triples y JR Smith añadiendo un 3 de 4. En total, 17 tiros de tres de 34 intentandos, un 50 por ciento de efectividad que, además de puntería, también refleja la desconexión de los de Brad Stevens en defensa. Eso y que hasta seis jugadores de Cleveland se fueran hasta 10 o más puntos.

No es la primera vez que les pasa algo similar a los Boston Celtics en estos playoffs. Indestructibles en casa, el joven equipo se ha caído casi siempre que se han alejado del TD Garden. Así sufrieron para eliminar a los Bucks al no ser capaces de ganar ni un solo partido en Milwaukee.

Jayson Tatum fue el único que mantuvo la cara, en parte porque Brad Stevens tiró la toalla pronto, sabiendo que la batalla estaba perdida ya en el descanso. El lunes comprobaremos si esto ha sido un canto del cisne por parte de los Cavaliers, o si la paliza ha cambiado la dinámica de una serie que hasta hace nada tenía un claro color verde.

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