La grandeza de jugadores como Lebron James se mide en esa extraña capacidad para hacer historia prácticamente cada noche. Una leyenda andante que en su decimoquinta temporada sigue rindiendo al máximo nivel, sin apenas dar síntomas de que el final está cerca. El tesón del Rey lo han sufrido como pocos en los últimos años los Boston Celtics, que una vez más se han encontrado con la eterna reacción de Lebron y unos Cleveland Cavaliers que han igualado 2-2 unas finales del Este que parecían sentenciadas después de los dos primeros partidos en el TD Garden.

Dentro de unos años no quedarán récords en la NBA que no lleven la firma de James. El año pasado se coronó como el jugador con más puntos en las eliminatorias por el título, superando a Michael Jordan, y en este curso le ha tocado el asalto al trono de otro mito, desbancando a Kareem Abdul-Jabbar como el jugador que más lanzamientos ha convertido en toda la historia de los playoff.

Y como cada vez que ha tenido ayuda de sus compañeros en las últimas semanas, los Cavaliers fueron un equipo inaccesible para su rival. El comienzo fue fulgurante y así lo reflejó el final del primer cuarto, con un 34-18 que marcó el resto del partido. George Hill por fin está rindiendo al nivel que se espera de un veterano curtido en mil batallas, lo mismo que la aportación de un Tristan Thompson que necesita muchos partidos como este para justificar su contratazo.

Entre ellos y otro gran partido de Kyle Korver, que se está mostrando infalible en esta pretemporada, los locales sorprendieron de inicio a unos Boston Celtics que parecen otro equipo cada vez que salen de casa. Mal en el primer cuarto, no sólo en defensa, sino también muy fallones en ataque, desaprovechando lanzamientos liberados y con poca frescura a la hora de mover el balón.

La mejoría tras el descanso no fue suficiente, aunque las ventajas de Cleveland llegaron a ser exíguas. Ahora, los de Brad Stevens  regresan al Garden con la sensación de haberlo tenido en la mano, pero con la obligación de volver a empezar de cero. Poner de nuevo esa primera piedra vigilando, ya nerviosos, que una bestia del tamaño histórico de Lebron James no se encargue de volver a destruirla.

No Hay Más Artículos