Lebron James es inagotable, imparable, inabarcable… cualquier calificativo existente, y posiblemente los que todavía están por inventarse, se queda corto para definir lo que ha conseguido El Rey. Un año más, y van ocho de forma consecutiva, se plantará en las Finales de la NBA para pelear por el anillo. Pero no ha sido una temporada cualquiera y, en una carrera llena de récords y gestas legendarias, estos playoff han terminado por sentarlo a la mesa frente a frente, y seguramente en solitario, con el mismísimo Michael Jordan.

Ganaron los Cleveland Cavaliers a los Boston Celtics en el TD Garden. Fue la primera y única derrota verde en casa en estas eliminatorias, fue la única en la que se encontraron a Lebron en modo dios. Porque el encuentro empezó bien para los de Stevens, siendo mucho mejores de lo que siempre reflejó el marcador durante la primera parte. Liderados por un Jayson Tatum que tiene poco de promesa y mucho de realidad, y de las gordas, trataban de dejar atrás a un rival que se agarraba casi a trompicones.

James tuvo que exprimirse al máximo ya desde los primeros minutos. Llegando a mediados del segundo cuarto sin que nadie más que Jeff Green anotase una canasta para los suyos. Los escuderos del Rey no estaban ni para meter los triples liberados. Y, aún así, los Cavaliers lograron irse al descanso con sólo cuatro puntos de desventaja. Ese fue el primer gran triunfo de Lebron.

Las dudas, quizá la inexperiencia, comenzaron entonces a puntear los tiros de los Celtics como ningún cavalier lo había conseguido en toda la serie. Los tristes 13 puntos del tercer cuarto, unidos al martillo pilón que suponía tener en frente a un Lebron James que no descansó ni un sólo minuto, atormentó al joven equipo de Boston y firmó 35 puntos, 15 rebotes y 9 asistencias.

Entre el apagón local y la aparición de los secundarios de Cleveland se decidió la final. Un triple de Kyle Korver, un par de canastas imposibles de JR Smith marca de la casa… y un nuevo milagro para Lebron James que esta vez más que nunca cuestionó esa ley básica del baloncesto. La que dice que se trata de un deporte de equipo. Porque esta vez, un sólo jugador derrotó al mejor colectivo de la conferencia. Quizá porque no es un jugador y sí un mito viviente.

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