La NBA evoluciona cada año y todos los técnicos van encontrando soluciones, en defensa y en ataque, para los diferentes caminos por los que discurre el baloncesto. Y aún así, nadie todavía ha podido encontrar un antídoto para cuando Stephen Curry se calienta. Esos momentos de trance en los que el base parece ver el aro del tamaño de la Bahía de Oakland. Los últimos en sufrirlo fueron los Houston Rockets, a los que se les escapó el séptimo partido para quedarse a las puertas de unas Finales a las que acceden los Golden State Warriors por cuarto año consecutivo.

Poco se le puede recriminar a James Harden y su ejército. Sin Chris Paul para echarle una mano, La Barba puso contra las cuerdas, en la serie y también en el partido definitivo, a los vigentes campeones y uno de los mejores equipos de la historia. Empezaron agresivos en defensa y ataque y muy acertados, con Eric Gordon y Clint Capela aportando mucho y cargando de faltas muy rápido a Klay Thompson.

El conjunto californiano parecía desenchufado, sin hambre, perdiendo cada rebote y con la sensación de que no lo querían tanto como su rival. Se fueron 11 abajo al descanso, lo que sin duda fue la mejor noticia para ellos porque no Curry, ni Thompson no sobre todo un un tibio Kevin Durant estaban finos. Justo después empezó un nuevo tercer cuarto matador (+68 de ventaja para los Warriors en toda la serie).

Se juntó la explosión de Curry con la falta de acierto de los Rockets. Esos triples que tanta vida le han dado durante la temporada se negaron a entrar y los de Houston llegaron a fallar 27 seguidos, lo nunca visto. Mientras, en el otro aro el base de los Warriors las metía de todos los colores y desde cualquier distancia. 27 puntos, 10 rebotes y 9 asistencias, siempre escoltado a la perfección por Kevin Durant, que acabó con 34 puntos y mató el último atisbo de reacción de Houston en el cuarto definitivo con varios lanzamientos increíbles.

Se las verán de nuevo en las Finales con los Cleveland Cavaliers de Lebron James. Será el cuarto capítulo seguido de una rivalidad que ha ido de más a menos y no parece que la dinámica vaya a cambiar. El año pasado se resolvió con un 4-1 a favor de los de Oakland y, visto cómo llegan ambos conjuntos, no sería de extrañar que se repitiera el resultado, o incluso algo peor. Aunque por otra parte, bien haríamos en no subestimar la capacidad del Rey.

No Hay Más Artículos