Nunca en las historia del deporte estadounidense, en las grandes ligas, hubo cuatro ediciones consecutivas de la final entre los dos mismos equipos. Eso es lo que afronta la NBA desde este jueves, un nuevo episodio del duelo generacional entre b y Cleveland Cavaliers. Muchos pensaron que era inevitable por múltiples razones, principalmente la colección de estrellas y el sistema engrasado de los actuales campeones, por un lado, y LeBron James, por otro. El caso es que hubo mucho de evitable en el camino de los Warriors y los Cavs a las finales de la NBA, porque hacía 40 años que las dos finales de conferencia no iban a los 7 partidos. LeBron James tuvo que aumentar su leyenda día a día para llevar a su equipo a la final, y los Warriors necesitaron las avalanchas de Stephen Curry, Klay Thompson y Kevin Durant (y la lesión de Chris Paul) para superar a los Houston Rockets, 

El caso es que llegamos al cuarto episodio Warriors-Cavaliers, cuyo pronóstico va desde la clara victoria de Golden State a una pequeña duda por la gigantesca figura de LeBron. Había cierto consenso entre los analistas de la NBA en que el vencedor del Oeste tendría un camino expedito hacia el anillo y en considerar el duelo entre Warriors y Rockets una final anticipada. Pero LeBron está en su octava cita con el anillo consecutiva, un jugador legendario aún en activo que por sí solo puede intimidar incluso a uno de los mejores equipos de la historia. James ha llevado a Cleveland a las finales de la NBA contra todo pronóstico, después de una temporada tumultuosa y las dudas sobre el reparto secundario de los Cavs.

¿Cuánto pueden pedir los aficionados de Cleveland de su equipo cuando Jeff Green o Kyle Korver son los segundos mejores jugadores de la franquicia? Con Kevin Love aún en dudas por el golpe en la cabeza que se llevó ante los Celtics, LeBron tendrá que multiplicar sus esfuerzos para conseguir su segundo anillo con los Cavaliers. Los de Tyronn Lue no parecen equipados con las mismas armas defensivas que los Rockets para cortocircuitar el fluido juego de los Warriors, pero sí pueden crear problemas en el otro lado del campo si tienen su día inspirado y los tiradores honran a LeBron abriéndole espacio para operar. Pero su sospechosa segunda unidad y la hercúlea carga física que lleva James esta temporada (y que ya le dio problemas ante Boston) parecen demasiado para que se repita lo de hace dos años. 

Los Warriors vieron el miedo de cerca ante los Rockets, 3-2 abajo y yéndose al descanso por más de 10 abajo en el séptimo partido fuera de casa. Su nivel de juego no ha estado a la altura del estándar de excelencia de otras temporadas, y sus lagunas de concentración se achacan más a la complacencia que a otro tipo de problemas. Si están enchufados, serán imparables para los Cavs. La duda de Andre Iguodala (lesionado en una rodilla y cabreado con los médicos del equipo) estrangula la rotación de Steve Kerr en una plantilla con demasiados pívots que además no marcan diferencia. Pero ante los Cavs, jugadores como David West pueden volver a tener chance de aliviar de minutos a los titulares.

En el fondo, en las finales de la NBA todo volverá a depender de las estrellas. LeBron James promedia 34 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias en 41 minutos de juego. Necesitará por lo menos repetir eso para que los Cavs tengan alguna oportunidad. Steph Curry pasó por problemas ante Houston pero fue clave con 27 y 29 puntos en los dos partidos decisivos y 40% de acierto en triples en la serie. Kevin Durant pareció desconectado de todo en varias fases del duelo ante los Rockets, pero acabó siendo decisivo en el séptimo encuentro. Si los Cavaliers son capaces de replicar la dureza física e intensidad de Houston en defensa, habrá una final. Si no, los Warriors pueden llevarse su tercer anillo en cuatro años con un resultado más cercano al 4-0 de lo que la NBA querría.

No Hay Más Artículos