Es un brindis al sol, pensar en baloncesto hipotético, pero viendo el segundo encuentro de las Finales entre Golden State Warriors y Cleveland Cavaliers fue inevitable volver la vista atrás y pensar en la tontería de JR Smith hace unos días. Porque oportunidades así se presentan con la frecuencia con la que ves pasar un cometa. Y si no las tomas puede ocurrir lo que todos esperaban, que los campeones se pusieran las pilas y se llevasen con claridad el 2-0 del Oracle para evitar más sustos innecesarios.

Ganaron los Warriors ya desde el inicio, sin verse nunca por detrás en el marcador. A diferencia de la serie ante los Rockets, Stevr Kerr puede tirar ahora de sus jugadores interiores y se vio en la salida de inicio de JaVale McGee en lugar de Looney. Eso descolocó a los Cavaliers, que en los primeros minutos permitieron varios de los 12 puntos que el pivot anotó sin fallo en el escaso cuarto de hora que estuvo en pista.

Pero su presencia se notó también atrás, y junto a Jordan Bell y David West pudieron proteger mejor el aro de lo que lo habían hecho en el primer encuentro. Lebron James se agarró al encuentro con los dientes, jugándolo todo como viene siendo costumbre en estos playoff. Kevin Love y George Hill estuvieron bien para alargar la resistencia e incluso lograron neutralizar el habitual tercer cuarto matador de los Warriors, pero no fue suficiente.

Y no lo fue porque, además de la superioridad colectiva de un bando sobre otro, Stephen Curry tuvo una de esas noches mágicas para acabar de rematar el encuentro. El base anotó 16 puntos en el último cuarto, con cinco triples para alcanzar los nueve en total. Un nuevo récord en un encuentro de las Finales de la NBA, derrocando a Ray Allen, que había firmado uno menos. Cada uno de ellos desmoralizando un poco más a los Cavs, especialmente uno desde 9 metros con el reloj de posesión agonizando y Kevin Love encima de Curry.

Esos lanzamientos desde la distancia sentaron como puñaladas al corazón de los Cavaliers, que decidieron arrojar la toalla y reagruparse en los últimos minutos de partido. Viaja la serie a Cleveland con la sensación de que el título está casi decidido, una afirmación que siempre es osada teniendo en cuenta que Lebron James continúa buscando agrandar su leyenda.

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