No hay forma de detener a los Golden State Warriors. El equipo de Oakland se está encontrando más piedras en el camino de lo esperado, eso es innegable, pero en cada serie está ocurriendo lo inevitable: alguna de sus estrellas deja uno o más partidos que dentro de varias décadas todavía se recordarán. Lo hizo Stephen Curry hace unos días en Oracle Arena y en el tercer encuentro fue el turno para Kevin Durant, que además de una actuación portentosa durante todo el encuentro metió el triple decisivo con menos de un minuto de reloj. El penúltimo clavo en el ataúd de unos Cleveland Cavaliers que ven el 3-0 como una cima inalcanzable.

Para cosas como estas decidió KD irse a los Warriors. Harto de llenar las hojas de estadísticas mientras se quedaba con los dedos desnudos, hizo oídos sordos a todos los que lo criticaron cuando dejó los Thunder. Él sabía por qué. La temporada pasada fue el mejor de los suyos y ganó el MVP de las Finales y esta vez no quería marcharse sin dejar su sello en la eliminatoria definitiva.

Un mal primer partido fue suficiente para que volvieran las críticas, pero Durant siempre vuelve. Tras recomponerse en el segundo duelo con una actuación inteligente, muy efectiva y participando en lo colectivo, el traslado al Quicken Loans Arena dejó al descubierto al KD más puro. Ese anotador compulsivo al que poca comparación se le puede encontrar en la historia. Una máquina imparable que terminó con 43 puntos, 13 rebotes y 7 asistencias, números que desde 1985 sólo habían firmado en unas finales Michael Jordan, Shaquille O`Neal y Lebron James. No es mala compañía.

Ese nivel de baloncesto, y ni un grado menos, fue necesario para terminar con la resistencia de los Cavaliers. Nadie le podrá negar al conjunto de Cleveland la fe que han demostrado en estos playoff, en los que sólo los legendarios hombros de Lebron James pueden explicar cómo han sido cargados hasta la lucha por el anillo. Con el aliento de su reino, el de Akron salió con la intención de quemar las naves para intentar meterse de nuevo en la eliminatoria. Le respondieron sus compañeros en la primera parte, siendo mejores y metiendo los tiros liberados que el Rey les creaba, pero las fuerzas flojearon tras el descanso a pesar de su tripile-doble.

El encuentro llegó igualado a los minutos finales. E incluso en un partido nefasto de Curry desde la línea de triple (1 de 10), el base eligió el mejor momento para acertar su único lanzamiento, impulsando un parcial de 5-0 firmado por él que abrió la brecha. Ese fue el preludio de la última puñalada de Durant. Como ya ocurriera el año pasado, con un lanzamiento desde 9 metros para cerrar el encuentro. Seguramente, también la eliminatoria.

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