Dwyane Wade tiene una visión para cuando se retire, algo para lo que dice que aún queda tiempo a pesar de empezar la próxima temporada ya con 36 años y muchos kilómetros en las piernas. En esa visión hay vinos, medias compresoras, mucha ropa deportiva de marca china y hasta calcetines. Pero, sobre todo, hay un sueño: recuperar una de las franquicias históricas de la NBA y participar en su gestión como parte del cuadro de propietarios. Hace 10 años que los Seattle Supersonics abandonaron su casa del Key Arena para convertirse en los Oklahoma City Thunder, y muchos aficionados incluso fuera del estado de Washington echan de menos el ambiente y tradición de baloncesto de la ciudad del grunge. Eso quiere recuperar Dwyane Wade.

“Definitivamente, quiero formar parte de los propietarios de la NBA. No digo que vaya a intentar comprar un equipo, no tengo ese dinero, pero desde luego que quiero integrar un grupo inversor”, dijo la leyenda viva de los Miami Heat en una entrevista para Bloomberg. Y Wade dejó claro que no quiere cualquier equipo: quiere EL EQUIPO. “Seattle. Quiero el equipo de Seattle, quiero a los Sonics de vuelta. Es una gran ciudad de baloncesto, y me encantaría ser parte de ella”, abundó Flash. Los Sonics se relamían ante la posibilidad de recuperar sus mejores épocas tras elegir a Kevin Durant en el draft del 2007 y la posibilidad de reconstruir el equipo que a finales de los 90 competía por el trono del Oeste de la mano de Gary Payton y Shawn Kemp, y quizás reverdecer laureles del anillo de campeón logrado en 1979.

Todo eso se vino abajo cuando el creador de Starbucks, Howard Schultz, vendió los Sonics a un grupo de empresarios de Oklahoma, supuestamente después de hartarse de que las autoridades locales no le ayudasen a construir un nuevo pabellón. Los nuevos dueños se llevaron el equipo al estado de los tornados, lo rebautizaron como Thunder y borraron la huella de una de las franquicias más carismáticas de la NBA. Luego se supieron entresijos de las negociaciones que no dejaban en buen lugar a los propietarios locales de los Sonics, y desde entonces la rabiosa afición de Seattle clama por el regreso de un equipo para volver a disfrutar de la NBA.

Dwyane Wade es de Chicago, pero sabe que pocos mercados pueden crecer y ser rentables desde el día uno en la NBA como el de Seattle. Es una apuesta segura en una liga que incentiva a sus exjugadores más pudientes a involucrarse en el accionariado de los equipos. El ejemplo más profesional es Magic Johnson, ahora dueño y arquitecto de los Lakers, con Michael Jordan ya hace tiempo a los mandos de los Hornets y otros más jóvenes (Grant Hill en Atlanta, Shaquille O’Neal en Sacramento) también en la lista. Dwayne Wade puede ser el siguiente, adelantándose a su buen amigo LeBron James, que tiene en su cabeza tener (él sí, tener) su propia franquicia de la NBA.

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