La gran pregunta del mercado de agentes libres de la NBA no tardó demasiado en tener respuesta. Y a pesar de que el resultado es el esperado, el anuncio de que LeBron James jugará en Los Ángeles Lakers no deja de ser impactante. Aunque el aviso en sí esté lejos del rimbombante engendro televisivo que hizo el propio LeBron para decir que se iba a Miami (un soso tuit de su agencia de representación), las consecuencias de este movimiento pueden ser legendarias: el asalto definitivo de James hacia el olimpo del baloncesto estadounidense. 

LeBron James firma cuatro años por 153 millones de dólares. Parece mucho. Bueno, no, es mucho para el que escribe y para (seguro) el que lee. Es menos, de todas formas, de lo que firmó Chris Paul con los Houston Rockets. La cuantía ya no importa para un deportista que va camino de convertirse en billonario. Importa un poco más la duración: desde el 2010, LeBron no se comprometía por tanto tiempo en un contrato. Tras terminar su cuarto episodio de la final contra los Warriors con un doloroso 4-0, James avisó de que la familia pesaría mucho en su decisión, y eso es coherente con el tiempo que estará en Los Ángeles, donde tiene dos casas y sus hijos van a jugar al baloncesto (de fondo, el sueño de retirarse después de compartir cancha con uno de sus descendientes).

A sus 33 años, LeBron James acumula (sumados los minutos de temporada regular y playoffs) tres temporadas y media más que el siguiente jugador que más minutos ha disputado en la historia de la NBA. Ocho finales consecutivas han sometido a una carga física sin precedentes al prodigio de Akron. Todas ellas en la Conferencia Este, donde ha sido tirano inmisericorde. Ahora, se cambia de acera con el reto de plantar cara a los Warriors (y los Houston Rockets) con un equipo al que se le abre el cielo tras años de penar por los últimos puestos de la liga. Los Lakers dieron un buen paso adelante la pasada temporada con Lonzo Ball y Kyle Kuzma, con el crecimiento de Brandon Ingram y el todoterrenismo de Julios Randle. Todo bajo la dirección de Luke Walton, compañero de draft de LeBron hace ya 15 años. 

Pero LeBron James puede necesitar algo más para competir desde el día uno por ganar el anillo de la NBA en la franquicia púrpura y dorada, la segunda más laureada de la historia, 16 anillos por 17 de los Celtics. Por eso todos los periodistas que rastrean los fichajes desde el día 1 de julio aseguran que los Lakers preguntan a cada hora por Kawhi Leonard a los Spurs. Los angelinos tendrán que deshacerse de un par de sus jóvenes prometedores y también alguna ronda en el draft. Todo es poco para montar un equipo a la altura de la leyenda LeBron James, que si conquista un anillo con el glamur de los Lakers, vistiendo el 23 de Michael Jordan en el equipo de Magic Johnson y Kobe Bryant, ya pocas barreras más tendría que derribar para entrar en lo más alto del olimpo. 

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