En los últimos cuatro años, la misma duda corroía a los Golden State Warriors: ¿Quién va a ocupar la plaza de pívot en una plantilla con los costes ya disparados? El mánager general de la franquicia californiana, Bob Myers, ha ido parcheando con salarios muy bajos esa posición secundaria en la configuración del equipo: Zaza Pachulia, David West, los jóvenes Jordan Bell y Kevon Looney… El que más éxito tuvo en las recientes Finales fue el antes inestable JaVale McGee, pero acaba de firmar por los nuevos Lakers de LeBron James. Pues bien, Bob Myers ha transformado los 5 millones de dólares que tendría que firmar McGee en DeMarcus Cousins. Esto es, uno de los 20 mejores jugadores de la NBA jugará en el equipo campeón por un precio ridículo.

El fichaje de Boogie Cousins es otro torpedo más a la línea de flotación de la NBA, unas horas después de que muchos soñasen con un reequilibrio de fuerzas con la llegada de LeBron a Los Ángeles. La habilidad de los Warriors para pescar a un pívot All-Star (completando así un quinteto completo de jugadores del Partido de las Estrellas) a precio de ganga no tiene parangón en la liga. Convencer a Cousins de firmar un contrato ridículo por una sola temporada sólo está al alcance de Steve Kerr, Myers y jugadores como Draymond Green, decisivo en las rápidas negociaciones. Nadie veía venir esta resolución con una de las piezas más cotizadas en el mercado de agentes libres. Porque DeMarcus Cousins tenía pensado explorar el mercado y salir de los New Orleans Pelicans, pero nadie previó este desenlace.

El fichaje estrella de los campeones contiene, sin embargo, varios riesgos inherentes. El más evidente es que Cousins está lesionado, recuperándose de una rotura del tendón de Aquiles que le tendrá fuera de las canchas al menos hasta un mes después del inicio de la próxima temporada. Eso forzará a los Warriors a, seguramente, buscar otro pívot más para el arranque de la liga. De ahí la primera justificación de su bajo salario. Otro peligro del fichaje de DeMarcus Cousins es su carácter: el pívot es famoso por sus discusiones públicas con compañeros, rivales y árbitros. Tampoco es famoso por su intensidad defensiva, y eso es algo obligatorio en los Warriors, el mejor equipo defensivo de la NBA. Por no hablar de que casi se pelea con Kevin Durant en un partido hace unos pocos meses. 

Son matices a los que se aferra la oposición a los Warriors ante el hecho irrebatible de que añaden un quinto All-Star (el segundo equipo de la historia en hacerlo tras los Celtics del 75-76) capaz de promediar más de 25 puntos, 12 rebotes y 5 asistencias por partido, además de ser un competente tirador desde la línea de 3 puntos. Un pívot capaz de botar el balón y generar juego desde su descomunal cuerpo. Añadir semejante talento a Stephen Curry, Klay Thompson, Kevin Durant y Draymond Green es una salvajada. Además, si sale bien, es una baza en la manga por si Durant decide no renovar su contrato al final de la temporada que entra. KD firmó de nuevo un 1+1 por 30 millones de dólares cada año, lejos del máximo que podría firmar y permitiendo a los Warriors ahorrarse un dinero que ahora permite el fichaje del verano después del de LeBron por los Lakers.

Habrá dudas sobre su recuperación física y su carácter, pero DeMarcus Cousins también se juega mucho en esta temporada con los Warriors: demostrar que a sus 27 años puede firmar en el verano del 2019 el contrato mastodóntico que seguramente va a reclamar. El mercado de la NBA lleva apenas dos días abierto y ya ha dejado movimientos sísmicos en toda la liga. Pero el de Cousins es el más descorazonador de todos: el gran favorito lo es mucho más. 

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