Pocas cosas hay mejores en el mundo del deporte que una buena ración de ironía. Y la guinda es todavía mayor si incluye a protagonistas de inmenso calado histórico. Todos estos ingredientes se mezclan en la historia que tiene como actores principales a Los Ángeles Lakers, LeBron James y, como artista invitado, a los Boston Celtics. Porque el destino ha querido que el último empujón para que el equipo verde vuelva a la cima se lo vayan a dar juntos dos de sus rivales más acérrimos. Los californianos, némesis desde hace décadas, y ‘El Rey’, su última gran frontera.

Y es que cuando baje toda la polvareda de la marcha de LeBron a LA, prolongada por la onda expansiva del bombazo Demarcus Cousins, lo que quedará es que la Conferencia Este de la NBA se ha convertido todavía en un solar con menos recursos que el año pasado. Que ya es decir.

Los más beneficiados en este sentido son los Boston Celtics. No se trata de quitarle méritos a Danny Ainge, principal responsable de un nuevo resurgir después de que precisamente LeBron James destrozara su último proyecto ganador. El de los Garnett, Pierce, Allen y Rondo. Con tranquilidad, agazapado esperando su oportunidad sin hacer locuras y llevando a cabo una reconstrucción paciente que tuvo su premio el pasado verano.

Porque todo buen trabajo necesita dos o tres pinceladas de fortuna. En este caso la suerte se convirtió en que Gordon Hayward, al que una grave lesión le impidió jugar esta temporada, y Kyrie Irving apostaran por jugar para Brad Stevens en el Garden, otro de los pilares del proyecto. Entre ellos y el talento joven cosechado a base de innumerables rondas del draft los Celtics volvieron a ser temibles.

Lo fueron ya este año, quizá de forma prematura, pero volvieron a encontrarse con James. En la franquicia sabían que no importaba demasiado, porque el futuro era brillante y lo es todavía más ahora con el último giro de guión, la marcha del techo de cristal que suponía el de Akron al otro lado del país.

Los Lakers, franquicia con la que les une una rivalidad desde tiempos inmemorariales, acaban de despejarle el camino del Este hasta las Finales de la NBA para los próximos años. Con Toronto descomponiéndose y ninguno de los otros equipos haciendo bien su trabajo, sólo los Philadelphia 76ers de Simmons y Embiid parecen poder hacerle frente a lo que se avecina como una nueva dictadura: del ‘Rey’ Lebron al ‘Presidente’ Stevens.

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