El paso del tiempo y la retirada de uno de los protagonistas enfrió uno de los debates más enconados en la NBA durante la primera década del siglo: ¿quién es mejor, LeBron James o Kobe Bryant? Aunque la consideración general hoy en día es que la dimensión del nativo de Akron en la historia de la competición ya solo puede quedar ensombrecida por la de Michael Jordan, aún existe una amplia comunidad de enamorados de La Mamba Negra, del que se recuerdan sus títulos de campeón (cinco anillos frente a tres de James), su fiereza competitiva y lo estético de su juego pulido al milímetro. Por eso hay quien en Los Ángeles no lleva nada bien que The King llegue a los Lakers ya entronizado y se lo demuestra con botes de pintura

Hasta dos murales diferentes realizados por iniciativa particular de sendos artistas al pie de Hollywood celebrando la llegada del ex Cleveland Cavaliers a California han sido arruinados en los últimos días. El primero de ellos mostraba un retrato de LeBron con la camiseta púrpura y oro entre la frase “Rey de Los Ángeles”. Al poco de estar listo, alguien apareció con pintura amarilla para pintarrajearlo con frases como “No eres ningún rey” o “No te queremos aquí”. El autor restauró el mural a su estado original solo para verlo atacado de nuevo un día más tarde. Frustrado, él mismo decidió acabar con su obra tapando el muro con pintura blanca

En el segundo caso, la obra era aún más ambiciosa. En ella se representaba al agente libre más codiciado del mercado con su nuevo uniforme mirando hacia un quinteto de lakers históricos que asomaban sobre el Forum de Inglewood y el Staples Center, los dos pabellones donde se edificó la leyenda de la franquicia. En ese grupo estaban Wilt Chamberlain, Kareem Abdul-Jabbar, Magic Johnson, Shaquille O’Neal y, evidentemente, Kobe Bryant, además del sempiterno narrador de los éxitos angelinos, el añorado Chick Hearn. “El Rey se convierte en El Testigo”, era el título de la pieza de arte urbano.

Pese a que la posición de LeBron en la composición era la de alguien terrenal que admira la posición elevada de los mitos a los que se tendrá que equiparar en el imaginario colectivo de los Lakers, otro fanático tampoco se tomó bien la idea de que el cuatro veces MVP pudiese algún día formar parte de ese selecto club. Un enorme borrón de pintura blanca mancilló el dibujo del flamante fichaje para la nueva temporada. 

Estos dos ataques son algo más que un acto vandálico. Son un aviso para el jugador más determinante sobre una pista de baloncesto en la actualidad. Le dicen que es él quien tiene la fortuna de aterrizar en una franquicia que forma parte de la nobleza del baloncesto y no al revés. Le advierten de que son los Lakers quienes le ofrecen a él formar parte de su privilegiada historia, y no él quien les hace un favor a ellos. Le avisan de que llega a un equipo orgulloso y a una afición que idolatra a los suyos. Y entre los suyos casi no hay ninguno comparable a Kobe Bryant, que vistió 20 años el uniforme dorado y únicamente ese, un récord de fidelidad en la NBA que solo Dirk Nowitzki va a superar esta próxima campaña

Lo que algunos quieren recordarle a LeBron James es que durante aquellos años de rivalidad entre el número 23 y el número 24 por ser el mejor jugador de la liga, la ciudad de Los Ángeles defendió la causa de su campeón. Y aunque aquello forme parte del pasado, su opinión no ha cambiado. 

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