Primero pensaba que iba a ser seleccionado en el draft de la NBA, pero nadie se acordó de él. Después salió muy contento de una prueba con Los Ángeles Lakers, pero ni Magic Johnson ni Rob Pelinka, que bastante ocupados están con atender a su nueva estrella LeBron James, lo han vuelto a llamar. Así que finalmente LiAngelo Ball acabó conformándose con jugar al baloncesto de forma provisional en la liga creada por su padre LaVar Ball. Quizás ahora pueda al menos formar parte del All-Star de la Junior Basketball Association (JBA) cuyas votaciones están abiertas desde esta semana. ¿Ah, que no os habíais enterado? Tranquilos. Ni vosotros, ni casi nadie. 

Después del fracaso de la extravagante aventura en Lituania a la que envió a dos de sus vástagos, el patriarca de los Ball decidió repatriarlos. Ya que no podía reintegrarlos al sistema de la NCAA por haber jugado como profesionales, quiso pensar a lo grande, como declara en la marca familiar de equipamiento deportivo, Big Baller Brand. LaVar se inventó la JBA, un torneo de ocho equipos repartidos por todo Estados Unidos que ofrece una alternativa al baloncesto universitario: en esta liga los jugadores sí cobran por su trabajo. O lo intentan. 

Usando como principal reclamo a su hijo LaMelo, señalado como uno de los mejores talentos juveniles del país, el torneo tuvo algo de cobertura antes de comenzar por lo novedoso de la idea y por la expectación mediática que concita la familia del mayor bocazas del país junto a Donald Trump. Sin embargo, desde el arranque en el pasado mes de junio, el interés se ha ido desinflando, en parte por la poca asistencia a los partidos. Los precios de las entradas comienzan en algunos casos a partir de 100 dólares, un dinero por el que se podría acceder a ver un partido de la NBA en el Madison Square Garden. 

Un periodista de SBNation contó que en los partidos de la JBA no hay cobertura mediática apenas y que las cámaras que se ven son las del reality-show que la familia Ball tiene en Facebook. Si LaVar quiere que el proyecto despegue va a tener que demostrar que es una vía de acceso tan buena a la NBA como la NCAA. Y la mejor opción para ello es que, partiendo de este torneo alternativo, LaMelo pueda conseguir lo que no ha logrado LiAngelo: un contrato profesional en la mejor liga del mundo. 

El que debe de estar teniendo sudores fríos es la mayor figura de la familia, el base de los Lakers Lonzo Ball. La llegada de LeBron al Staples Center arroja sombras sobre la futura configuración de la plantilla angelina. Y conociendo a LaVar, si se ofende al ver que su hijo ya no es el gallo del corral quizás lo reclame para que ayude al despegue de la liga familiar. ¿Sería una locura? Sí, claro. Pero hablamos de los Ball, de los big balls

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