El cometa Halley volverá a pasar cerca de la Tierra en el año 2062. Ahora mismo estáis calculando si viviréis para entonces y podréis admirarlo. He aquí una propuesta más asequible: sobrevivid apenas unos pocos días y tendréis la ocasión de asistir a otro fenómeno celestial único. Usain Bolt, el relámpago jamaicano, se retira de la competición el 12 de agosto.

Si todo discurre según lo previsto, a las 22.50 horas del sábado el atleta más veloz de la historia pisará por última vez una pista. Lo hará como parte del relevo 4×100 de Jamaica en los Campeonatos del Mundo de Atletismo que se celebran en Londres. Justo una semana después de desatarse las zapatillas de la prueba que lo hizo leyenda, los 100 metros lisos (y tras la afrenta sufrida a manos de Justin Gatlin apenas una semana antes). La distancia que encogió en el sueño de una noche de verano en Berlín.

Sobre la misma pista germana estableció también la plusmarca imbatida de los 200 metros, su prueba favorita y de la que ya se apeó con un oro en Río. Once títulos mundiales y ocho olímpicos son la cosecha material de un éxito que no se mide solo en preseas.

Bolt es el deportista irrefutable, la estrella universal que a todos subyuga. No hay por qué compartir su extraversión constante o su altanería competitiva, claro, pero no existen argumentos deportivos para criticarlo. Nos ha dado tanto. Nos ha permitido imaginar un salto evolutivo de la especie: citius, altius, fortius.

Bolt dice adiós con 30 años. El 12 de agosto va a caer un relámpago.

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