“Es la mejor temporada de mi vida”. Esto decía Ana Peleteiro ANTES de lograr su mejor marca y la séptima plaza en el Mundial de atletismo de Londres 2017. Es la exigencia y la realidad de la saltadora gallega, ya una estrella en el firmamento del deporte español, una cara nueva y fresca para la necesitada selección del tartán y una esperanza clara para los Juegos Olímpicos de Tokio. Ha vivido mucho Peleteiro a sus apenas 22 años, madurando a base de lecciones de la vida y de lesiones para alcanzar un estatus de esperanza en el atletismo, una disciplina tan sacrificada como sólo medida por el gran público en virtud de medallas y podios, de titulares como los que se consiguen apenas en las grades citas, obviando meses y meses de trabajo anónimo.

Es muy posible que en la próxima gran cita atlética la realización oficial de la televisión no se olvide de mostrar a Ana Peleteiro en su mejor salto de la final del triple. Aunque sea sólo porque Adidas (marca que ha apostado muy fuerte por la española desde el 2012) le dé un toque a la organización para prestar algo de ojo a su clienta. Sólo existe un vídeo granulado subido a Twitter del salto de 14,23 metros, que le valió a Peleteiro su puesto de finalista en el Mundial, un éxito que muchos intuían cuando la gallega se proclamó campeona del mundo júnior en el 2012 con 14,17 metros. La realidad tardaría aún cinco largos años en llegar.

Fueron años difíciles para Ana Peleteiro. Tras su rutilante éxito en el 2012, pasó por las inestabilidades propias de las primeras mieles del éxito y los titulares periodísticos para una adolescente. Cambió tres veces de residencia tras abandonar su Ribeira natal y sus entrenadores de siempre. Mudó hábitos de vida y de entrenamientos. Sufrió los rigores físicos de una disciplina, el triple salto, de tremendo impacto en la musculatura y huesos de los atletas. Tardó en responder al potencial que tenía en sus piernas y su cabeza lo acusó más aún.

Primero se mudó al centro de alto rendimiento de Madrid, la famosa residencia Blume, en el 2013. Pero la cosa no funcionó como esperaba. Fracasó al defender su título mundial junior, lejos de su mejor marca. Sufrió una grave lesión que la apartó de la competición y de los entrenamientos. El mundo se le vino un poco encima, lejos de casa y sin poder hacer lo que más le gustaba. “En Madrid no estaba bien psicológicamente y no podía dejar que me afectase. Fue duro pasar de ser una niña anónima a tener tantas personas encima”, dijo en una entrevista reciente. Tocó fondo (a los 20 años, si es que se puede decir tocar fondo a esa edad) y decidió reinventarse. Entró en la órbita de Iván Pedroso, el mítico saltador cubano ahora entrenador, y todo cambió.

Primero se mudó a Lisboa para trabajar con los atletas portugueses, y después a Guadalajara, en busca de tranquilidad y entrenamientos de calidad. Pedroso modificó la estructura de la Ana Peleteiro atleta: fortificó su cuerpo, hizo explotar su velocidad y modificó después su técnica de salto. Los resultados no tardaron en llegar. Fue dando pistas en sus primeras competiciones del año, triunfando en el Europeo promesa, luego en el Campeonato de España y definitivamente explotando en el Europeo de pista cubierta. Fue mejorando su mejor marca hasta los 14,20 con los que se quedó a un palmo del podio continental. Luego ganaría dos centímetros en el Nacional sub-23.

El carácter competitivo de Ana Peleteiro sólo puede ser frenado por las lesiones. Ha ido mejorando sus marcas en competición, y ella misma creía que podría haber saltado más que los 14,23 metros que hizo en Londres de no mediar una mala caída en el cuarto salto. “Me voy también con rabia porque era mi día: estaba muy bien y podía haber hecho un salto más largo“.

El techo de Ana Peleteiro lo impondrá ella misma. La progresión bajo las órdenes de Pedroso es evidente. En el horizonte inmediato, está el récord de España de Carlota Castrejana, unos 14,64 metros aún lejos de lo que salta la gallega. Y a medio plazo, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde sacarse la espina de no poder disputar los de Río 2016 (un objetivo quizás tan ambicioso como la propia Peleteiro), y donde confirmar su estatus de estrella.

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