Parece que, a la tercera, irá la vencida. Alberto Contador anunció al menos en otras dos ocasiones que dejaría la bicicleta, pero esta vez, a sus 34 años y tras constatar en el Tour de Francia 2017 que la Grande Boucle se le hace ya demasiado cuesta arriba, habrá que creerse que el ciclista español que ha marcado la última década dejará el pelotón profesional. Y en esta larga frase queda resumida mucha de la realidad que Contador polariza a su alrededor: el hecho de que muchos no se crean aún que sea definitiva su retirada y la poca simpatía que les genera el hecho de que lo deje un deportista que, por palmarés, sería admirado en el 90 % de los casos.

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Contador es uno de los únicos seis ciclistas que han ganado Tour, Giro de Italia y Vuelta a España en su carrera. En su trayectoria se destacó como un agresivo y espectacular escalador, además de un contrarrelojista solvente en sus mejores días. Dominó el pelotón con mano de hierro desde el 2007 al 2011, donde concentró tres victorias en el Tour, dos en el Giro y una en la Vuelta. Pero todo eso queda demasiado lejano, y aunque Contador venciese dos Vueltas y otro Giro más, la popularidad ha sido inversamente proporcional a la sombra de la sospecha que siempre le ha acompañado.

Porque no fue sólo el fiasco del solomillo de Irún, la pieza de carne supuestamente contaminada que le provocó el positivo por clembuterol, una suspensión de seis meses y la anulación de las victorias en el Tour del 2010 y en el Giro del 2011. La carrera de Contador estuvo íntimamente ligada a los grandes nombres del dopaje en el ciclismo: Manolo Saiz, Johann Bryunnel, Bjarne Riis, Lance Armstrong, el equipo Astana, Eufemiano Fuentes… Por una razón o por otra, esos nombres aparecen en la trayectoria del pinteño y no se pueden obviar.

El último caso, el del portugués André Cardoso, compañero de equipo de Contador, pillado por EPO justo antes del último Tour de Francia. Protegido y mimado hasta el ridículo por los medios de comunicación, Contador ha perdido mucho apoyo popular mientras su rendimiento deportivo ha ido mermando. Aunque se impuso en el Giro de Italia del 2015, el madrileño no suma ninguna victoria de etapa en las grandes vueltas desde el 2014. Su fama de gran agitador de carreras y ciclista dado a la épica a la antigua le sigue granjeando seguidores, aunque quizás ya nunca veamos otra fuga que mezcle espectacularidad y resultados como la de la etapa de Fuente Dé en la Vuelta 2012.

Ahí queda la paradoja de la sensación sobre la retirada de Alberto Contador: para unos, el adiós del último ciclista romántico, más pendiente del aficionado que de los vatios de rendimiento; para otros, el último eslabón con la etapa del apogeo del dopaje que casi acaba con el ciclismo.