– ¿Realmente era una opción que dejara el Barça?

– De hecho, no he renovado todavía… He experimentado muchas sensaciones que desconocía, pero que creo que son normales. Es un escenario que hace tres años seguramente nunca me podía haber imaginado… Digamos que me planteo el futuro cuando antes no lo hacía.

El extracto pertenece a la entrevista que Andrés Iniesta concedió a El País, en vísperas del estreno liguero del Barcelona ante el Betis. La ambigüedad de la respuesta del manchego es suficiente como para especular, pero la innegable sensación de melancolía que deja en el aficionado al fútbol habla de que el fin se acerca: un día no muy lejano, Iniesta, ahora con 33 años, dejará el Barcelona. Quizás hasta el fútbol.

Pero no nos pongamos tristes todavía. ¿Qué quiere decir Iniesta con que ahora se plantea el futuro? La afirmación puede leerse en clave de la actual desmantelación del modelo Barça, cada vez más alejado de su base de la Masía, cada vez más desnaturalizado del credo de Cruyff prolongado por Guardiola. Una parte de esa desambiguación es culpa de la inoperante directiva de los últimos años, y otra parte va ligada a la inevitable bajada de rendimiento de una serie de jugadores únicos en la historia. Entre una cosa y otra, es posible que Iniesta haya empezado a pensar en opciones para acabar su carrera sin tanto estrés ni responsabilidad, de disfrutar de sus hijos y sus vinos. Quizas hable con Villa y le cuente lo bien que se vive en Nueva York. O busque financiación árabe para su carrera de entrenador, como Xavi.

Otros temen que quizás lo que quiso decir Iniesta es que piense ponerse a hacer vídeos de yoga, como Puyol. Es decir, que ese “pensar en el futuro” que antes no hacía sea el fin anticipado de su carrera. La misma entrevista deje entrever cierto desencuentro con Luis Enrique, cuyo plan de juego exigía de Iniesta un despliegue físico que el manchego (ni Busquets) parecían poder mantener en el tiempo. Se cuestionó su peso en el juego del equipo, y era incuestionable su menor peso en las alineaciones (36 partidos en total entre todas las competiciones).

A falta de ver si Valverde le arropa más (y el fichaje de Paulinho hace indicar que no), Iniesta teme ver que su cuerpo le traicione en directo. A sus 33 años, su calidad sigue embobando a quien le ve jugar, como el primer día. Pero su habilidad de otro planeta ahora depende en exclusiva del giro y la protección del balón, perdida esa explosividad en el arranque que sorprendía a sus rivales, machacada por las continuas lesiones musculares.

Como interior cada vez juega más lejos del área y la recuperación nunca ha sido su fuerte. El futuro inmediato de Iniesta pasa por ser el socio predilecto de Messi cada vez que uno de los dos tiene el balón. Quizás Iniesta tenía pensado otro rol para sus últimos años en el Barça, y ve que no lo va a ocupar. Son las incógnitas que se abren de esa confesión del manchego, que preocupa a los aficionados del Barça. No tanto como las hipotéticas dudas de Messi sobre si abandonar el barco, pero casi.

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