Ningún futbolista del Chelsea personifica como Marcos Alonso la temporada 16/17 de los Blues. El lateral zurdo español acababa de aterrizar de la Fiorentina y su nuevo equipo se desplomaba en el Emirates. 3-0 al descanso y las casas de apuestas ya ofrecían la cabeza de Antonio Conte. Y entonces sucedió esto:

A partir de aquel día, el heredero de la saga Alonso se acomodó en la titularidad, el Chelsea apostó por ese nuevo esquema y llegaron trece victorias consecutivas. Una ventaja que terminó siendo insalvable para sus perseguidores. Su conquista final empezó a fraguarse, sin duda, en aquellos meses entre septiembre y enero.

Y más allá de los goles del hoy olvidado Costa, las jugadas maradonianas de Hazard o la omnipresencia de Kante, Marcos Alonso se presentaba como el clásico unsung hero: el jugador con rendimiento brillante pero que no capta la atención mediática. Porque a su excelente rendimiento global hay que añadir esto.

Goles de todas las formas y colores. Testarazos al Arsenal, llegadas al área frente al Leicester, sublimes golpeos de falta en Bournemouth. Y entre ellos, los dos que dieron la victoria al Chelsea contra el Tottenham. En Wembley, el mito de los estadios y casa provisional de los Spurs. El primer tanto, esta obra de arte:

Su segunda diana, a servicio del enmascarado Pedro, fue menos vistosa pero podría resultar fundamental. Quizás servirá para silenciar el constante ruido en el que, hasta ayer, vivía instalado el Chelsea y hacer despegar su temporada. Con Marcos Alonso como actor principal, un año después.

No Hay Más Artículos