Al mundo del deporte le encanta presumir de mitos y leyendas. Deportistas que han o hayan dominado sus respectivas disciplinas, batido todos los récords, protagonizado las gestas más inimaginables. Y si uno piensa en el motociclismo, el primer nombre que probablemente aparezca en casi cualquier mente sea el de Valentino Rossi.

Idolatrado, adorado pero también cuestionado en los últimos tiempos, el italiano alcanza este fin de semana una cifra épica en su carrera. Un total de 300 Grandes Premios, en un escenario engalanado para la ocasión: el emblemático Silverstone.

Curiosamente, la primera victoria del piloto de Urbino en la categoría reina se produjo en las islas. Era el año 2000 y por entonces se disputaba en el trazado de Donington Park. Desde aquella conquista, siete títulos que, sumados a los dos que se traía de 125 y 250, posicionan a Rossi a tiro de la mágica decena.

A día de hoy, el italiano acumula 115 victorias en total, a lomos de Honda, Ducati o Yamaha. Y en el curso presente, Rossi cabalga en cuarta posición, a 33 puntos del líder, Marc Márquez. Precisamente, mucho más que un rival. El desafortunado actor secundario del incidente que hizo tambalear la reputación del veterano transalpino en 2015.

A pesar de aquello, muchísimos aficionados siguieron del lado de Rossi. Continuaron y continuarán defendiendo a su ídolo a capa y espada. Y la admiración del paddock tampoco se resintió, en particular entre sus compatriotas. Aquello dio lugar a una absurda guerra de banderas entre España e Italia pero, más o menos, hoy parece olvidado.

En este 2017 la batalla se libra sobre el asfalto, con Márquez liderando la tabla y perseguido de cerca por Andrea Dovizioso, Maverick Viñales y el italiano de las 300 carreras. El todavía más mediático y posiblemente carismático. El que no gana un Mundial desde 2009 pero que está, sin duda, muy lejos de tirar la toalla.

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