La carrera de Fernando Alonso puede calificarse de tan brillante dentro de la pista como torpe fuera de ellas. Relaciones públicas al margen, las elecciones que el piloto asturiano, considerado casi de manera unánime el más brillante de su generación, son cuanto menos discutibles. O eso, o tiene muy mala suerte. Atrapado en McLaren desde hace años, sigue sin visos de salir a por lo que se considera un coche competitivo, que le dé opciones de luchar por los títulos mundiales que su potencial y calidad como piloto merecen. El año que viene volverá a ser el caso. La renovación de Sebastian Vettel con Ferrari tres temporadas más cierran las puertas de una hipotética vuelva a la Scuderia. Y con ellas, las opciones de correr por el título el año que viene.

Fernando Alonso es como una estrella de cine atrapada en una película con mal director y pésimo guión: por mucho que lo intente, no puede salvar el resultado con su carisma y robando todos los planos en los que sale. La disfunción perenne entre McLaren y Honda, la imposibilidad del fabricante inglés de conseguir otros motores en el mercado y la propia capacidad de elección de Alonso han terminado por agriar los mejores años de su carrera. Nadie se cree más las amenazas del asturiano de “mira que si no tengo un coche competitivo para pelear por el Mundial me voy a la fórmula Indy”. Pareciese que Alonso estuviera presionando a la gerencia de la Fórmula 1 a, de alguna forma, forzar a darle un asiento en un buen coche por el bien del espectáculo.

Alonso tuvo su gran error en su primera etapa en McLaren, cuando no supo gestionar la presión que le generó (mediática y deportivamente) la figura de Lewis Hamilton. Desperdició tres años de un coche ganador, en los sólo aprovechó uno. Luego, lo de Renault fue un fiasco y tuvo la mala suerte de que Ferrari no supiera avanzar con los tiempos. Ahora, los italianos están en condiciones de volver a ganar (como han hecho siempre), para mayor ironía del destino del Guaje. A eso se aferra Alonso, al ciclo vital del ecosistema de la F1, en el que McLaren (tarde o temprano) volverá a ganar.

No parece, sin embargo, que Alonso esté en condiciones de esperar. Pero Raikkonen renovó unos días antes del anuncio de Vettel (que por cierto, los rumores dicen que cobrará 40 millones de euros por temporada, más que nadie; otro incentivo menos para Alonso); los Red Bull están blindados con Ricciardo y Verstappen (con el belga favorito para dar el salto a las dos grandes); la única duda es si Mercedes dará una sorpresa para sustituir a Bottas, pero parece improbable emparejar a Hamilton con otro gallo. El paddock rumorea desde hace semanas con un fichaje de Alonso por Williams, que difícilmente haría más feliz al español. El tiempo se le agota a Fernando al mismo ritmo que sus opciones.

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