Cristiano Ronaldo se siente perseguido. Recordemos: uno de los deportistas del mundo, el futbolista que más dinero genera entre sueldo y publicidad, orgulloso padre de familia numerosa, cuatro veces Balón de Oro, campeón de Europa con el Real Madrid y (más importante aún) con su selección, máximo goleador histórico de ambas entidades… Se siente perseguido. Y en la selección lusa ha vuelto a encontrar su refugio, como tantas otras veces. Sus tres goles a las Islas Feroe van más allá del registro realizador (el segundo máximo anotador de la historia en Europa) ante uno de los peores equipos del continente: es una liberación para el león enjaulado, castigado sin jugar por empujar al árbitro en la Supercopa de España, acorralado por Hacienda, rabioso por sentirse incomprendido.

Cristiano es un goleador compulsivo. Su carrera le ha empujado irremediablemente al área, a ser un 9 más o menos tradicional, figura que viene ejerciendo hace tiempo en Portugal y que ahora desempeñará con gusto en el Real Madrid de los centrocampistas. Y con la selección sus virtudes crecen exponencialmente, porque ahí no hay debates alrededor de su figura, ni se cuestiona si es simpático o no, ni recibe pitos de la grada, ni compite en jerarquía con ojitos derechos del presidente. Cristiano es el rey en Portugal y él corresponde. Y si ya en el Trofeo Bernabéu no fue capaz de permitirse relajarse y dejó un golazo para los presentes, era de prever que en un partido de Portugal, Cristiano Ronaldo no dejaría pasar la oportunidad para sacudirse el mono de golear.

Para más inri, Cristiano se sacó una espinita que llevaba clavada. Más bien, una espinita que sólo él podía llevar clavada. Durante los últimos años, el portugués se ha empeñado en marcar de media tijera o en chilena. Es posible que lo tuviera todo planeado para su famoso documental, y necesitase un gol así recogido de todos los ángulos posibles para rellenar algún tramo del relato elegíaco. Como el a todas luces exagerado penalti contra el Atlético con todo decidido y la exhibición de abdominales que le siguió.

El caso es que ante las Islas Feroe Ronaldo logró el dichoso gol con ese remate. “Venía hace un tiempo buscando un gol así. Es el que faltaba en mi carrera. Fue una jugada bonita y en seguida veré la repetición”, declaró tras el partido. Es imposible resumir en menos líneas la esencia de Cristiano Ronaldo, un goleador tan compulsivo como narcisista.

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