En la lejana memoria del inicio de la pretemporada (hace un par de meses), un vídeo de Kristaps Porzingis entrenando se hizo viral en las redes. En él, el gigante letón hacía sentadillas de una manera un poco particular, pero la impresión de ver a un tipo de 2,20 metros sudar hasta chorrear en el suelo daba una idea del esfuerzo titánico que estaba suponiendo la maniobra.

Hay una doble lectura a este intenso ejercicio. Por un lado, Porzingis es consciente de que el año que entra pueda determinar su futuro megacontrato en la NBA, que casi con toda seguridad no será en los Knicks de Nueva York (más sobre esto después). Por otro, el Eurobásket con Letonia, la Bélgica del baloncesto, candidata a sorpresa del torneo, la primera cita internacional de primer nivel de Porzingis con su país. Quería llegar a tope para el evento y, tras presenciar los dos primeros partidos, parece que lo ha conseguido. Lo que se preveía es cierto: el abuso de Porzingis es un hecho.

Véase la secuencia que protagoniza ante Serbia, a pesar de las bajas mejor equipo que Letonia y que acabaría ganando el partido. Porzingis tapona en su zona, y luego juega un pick and pop, a siete metros de la canasta decide fintar el triple y acabar con mate en un rectificado quizás innecesario (pocos en nivel europeo podrían llegar tan alto para impedir su canasta). Es una muestra del arsenal completo del que dispone Kristaps, pulido el diamante que se intuyó en Sevilla tras dos años en la NBA. Poco antes, taponaba dos veces en la misma jugada y después acababa la transición de su equipo con un triple en carrera.

Ante Bélgica, Letonia logró un triunfo apabullante subida a los 27 puntos y 6 rebotes de su gran estrella. Porzingis domina en ambas zonas, es un misterio insondable cuando juega lejos del aro y un tipo inalcanzable cuando se eleva en suspensión dentro de la zona. Si además consigue acertar en el triple (33 % por ahora en el Eurobásket) sus rivales tendrán un serio problema. El mate en carrera con el que finalizó el rebote en ataque ante los belgas resonó en los confines del baloncesto mundial, pero fue una jugada más en el arsenal de Porzingis.

Todo mientras Porzingis huye del Melodrama, así con mayúsculas, de los Knicks. La franquicia de Nueva York sigue atrapada en errores de gestión, malas decisiones deportivas e indiferencia en general. Carmelo no acaba de ser traspasado a pesar del descontento mutuo en los últimos tres años, y la ascendencia de Porzingis añade aún más incomodo. Phil Jackson tuvo que salir de la presidencia de los Knicks por insinuar que querría traspasar a Porzingis, aunque luego se quiso vender que fue una represalia al letón por no presentarse en la despedida de la temporada,

Ahora, trasciende que Porzingis no se habla con el entrenador Jeff Hornacek, quien para borrar su imagen de tipo blando decidió criticar a Kristaps delante de todo el vestuario. Porzingis se rebeló aparcando su coche en la plaza del técnico (ojo al bad boy). Los Knicks siguen dando pasitos hacia perder a su unicornio, como llaman a Porzingis, mientras el letón convierte las pistas del Eurobásket en una muestra de su abuso.

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