La selección española de baloncesto arrasó a Rumanía (91-50) sin necesitar del concurso de Pau Gasol y continuó su camino firme hacia las eliminatorias del Eurobásket 2017. Sin emoción en el parqué, las cámaras de la televisión se entretenían buscando algo interesante que mostrar en los alrededores de la pista. Y allí encontraron a un gigante con cara de bonachón que sonrió a cámara y levantó el dedo en señal de aprobación. Gheorghe Muresan está acostumbrado a llamar la atención.

Muresan, el más famoso de los baloncestistas rumanos, es ahora vicepresidente de su Federación y ejerce como embajador del torneo en Cluj. Tiene ya 46 años y atrás quedan los días en los que vestía la camiseta 77 de los Washington Bullets de la NBA. El doble siete representaba su estatura en el sistema anglosajón de unidades: 231 centímetros que siguen siendo todavía hoy el techo jamás superado por ningún otro jugador en la liga estadounidense.

Aún reside en la ciudad del Capitolio, donde cobra una pensión de la NBA y sigue gozando de cierta fama. Su peculiar físico, resultado de la acromegalia que padecía, le ofreció no solo ventaja para defender y atacar el aro, sino también oportunidades delante de las cámaras. En su filmografía figuran la comedia “Mi gigante“, junto a Billy Crystal; un celebérrimo videoclip de Eminem; y varios anuncios televisivos en los que explotaba su vis para el humor.

Gheorghe Muresan, que se retiró como jugador de baloncesto en el Pau Orthez francés tras jugar también en la Universidad de Cluj y los New Jersey Nets, representa una antigua idea del baloncesto que también encarnaban Manute Bol, Mark Eaton o Shawn Bradley. Pese a lograr el Premio al Jugador Más Mejorado de la NBA en 1996, la carrera de Muresan fue efímera. Su misma ventaja física les acababa pasando factura a él y a sus semejantes, castigando sus huesos. Además, con el paso del tiempo el juego ya no lo supeditaba todo a la estatura.

Como demuestra Stephen Curry, se puede dominar jugando a nueve metros de distancia del aro y, consecuentemente, los hombres altos se alejan cada vez más de la canasta. Hoy en día los larguiruchos están mejor cuidados desde jóvenes y con alturas enormes son capaces de driblar, correr el contraataque y anotar el triple como Porzingis .

El techo rumano era otra cosa. Operaba bajo el aro y llegaba a donde otros no podían ni siquiera saltando. Pero no le faltaba finura. Era capaz de fintar y de colocar bandejas con delicadeza, con la misma amabilidad con la que ejerce de anfitrión en el torneo que se juega en el lugar donde hace décadas anotó sus primeras canastas.

 

 

No Hay Más Artículos