Rafael Nadal despachó con suficiencia a Kevin Anderson (6-3, 6-3, 6-4) y alzó el título del US Open, el último torneo de grand slam del año. Un año que, según el calendario gregoriano, es 2017, pero que en términos tenísticos podría seguir siendo, por ejemplo, el año 2006. Entonces como ahora, el español y el suizo Roger Federer ganaron los cuatro grandes torneos. Entonces eran veinteañeros y ahora pasan de los 30. Entonces eran los mejores jugadores del mundo y ahora son los mejores jugadores del mundo.

El primer gran título de Federer fue Wimbledon 2003. El major que inauguró el palmarés de Nadal fue, como no podía ser de otra manera, un Roland Garros en 2005. Nadie hubiese apostado que, tras caer en el escalafón a causa de achaques diversos, los dos tendrían la determinación y el hambre necesarios para (en ausencia de Nole Djokovic, que todo hay que decirlo) reconstruir una vez más su legendaria hegemonía casi tres lustros después de iniciarla. Pocos hubiesen acertado con el reparto de la cosecha 2017 antes de conocer las bajas que fueron quitando lustre al cartel de la ATP: para el suizo fueron el Open de Australia y Wimbledon, mientras que el español reclamó Roland Garros y US Open.

Aunque no se encuentren en las finales cruzando bolas, como sucedió en el Arthur Ashe Stadium de Nueva York para disgusto del público, la rivalidad entre las dos míticas raquetas no se dirime solo en la pista, sino también en la vitrina. Roger Federer acumula 19 títulos de grand slam, por 16 de Rafa Nadal. El manacorí tiene argumentos para intentar la caza y captura: es cinco años más joven y podría pensarse que ganará sobre la arcilla de Francia siempre que quiera.

Mientras aún festejaba la victoria sobre Anderson requirieron al número uno del ranking sobre esa competencia indirecta con Federer. “No necesito ningún estímulo (…). No necesito coger a Federer. Estoy muy feliz y seguiré trabajando sin preocuparme de lo que puedan conseguir los demás”, respondió el tenista español empleando su habitual corrección. Al mismo tiempo, sin que lo oyese su discípulo, el tío y entrenador Toni Nadal hablaba en los micrófonos de la Cope acerca del reto de superar el palmarés del suizo: “Vamos a llegar”.

Otro nuevo reto está servido.

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