Peter Sagan no ha corrido el Giro de Italia y ha pasado de puntillas y de vez en cuando por la Vuelta a España. Con sus 8 triunfos en grandes clásicas, apenas suma uno en los Monumentos (Milan-San Remo, Lombardía, Flandes, París-Roubaix y Lieja-Bastón-Lieja). Pero nadie puede discutir que el eslovaco es una leyenda de la época contemporánea del ciclismo: un ganador explosivo, un llegador de olfato casi infalible, y un carisma de estrella del rock que eleva su perfil sin necesidad de ganar grandes vueltas como Chris Froome o de espectaculares ataques en grandes cimas como Alberto Contador. Y en la localidad noruega de Bergen, Sagan dio un pasito más para afianzar su legado ganando el tercer Mundial de ciclismo en ruta consecutivo, algo que nadie había hecho antes.

Ya había varios corredores capaces de ganar tres Mundiales, todos ellos distribuidos en distintas épocas, lo que deja claro que es un logro al alcance de un corredor en cada equipación. Alfredo Binda (en los años 30), Rik Van Steenbergen (en los 50), Eddy Merckx (finales de los 60, mediados de los 70) y Óscar Freire (finales de los 90 y arranque del nuevo siglo). Pero sólo Peter Sagan lo ha hecho de manera consecutiva, encadenando una tras otra, rompiendo tabúes de los Mundiales en ruta. Sobre todo, ése que se refiere a la importancia del equipo. Sagan, eslovaco, tira en los Mundiales de su inteligencia, olfato, resistencia y calidad para apañárselas, casi por sí solo, en el medio de un enjambre de rivales e intereses. Y ya sea el circuito duro o menos duro, con un repecho más seleccionador o menos, con Italia, Holanda, Bélgica, España y algún otro equipo potente luchando por el control… Sagan casi siempre sale vencedor.

Y para más inri, sin entrenar. “No estoy en mi mejor momento, llevaba tres días sin coger la bici”, dijo Peter Sagan con esa sonrisa de chico malo tras cruzar la meta apenas unas décimas de segundo antes que el noruego Kristoff. El eslovaco está pendiente del embarazo avanzado de su mujer y por eso ya pone fin a su temporada. El maillot arco iris conquistado al estilo Sagan, casi sin querer (“¿Mi estrategia hoy? No tenía ninguna… Pensé que iba a esprintar por el cuarto o quinto puesto. Sólo me di cuenta en el último kilómetro”) tuvo además el colofón de la emocionante dedicatoria del eslovaco a Michele Scarponi, el ciclista italiano trágicamente fallecido tras ser atropellado: “Esta victoria se la dedico a Scarponi. Ha sido una gran pérdida y mañana hubiera sido su cumpleaños”. El triunfo en Noruega le quita la espinita a Peter Sagan del amargor del Tour de Francia, donde fue expulsado por su incidente con Cavendish, y que le privó de su sexto maillot de la regularidad seguido. Otro récord para Sagan pero que en este caso se le escapó. No habrá muchos más.

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