Harry Kane ya es mejor que Cristiano Ronaldo”. Lo decía hace bien poco Mauricio Pochettino, entrenador del ariete inglés del Tottenham. Será como un amor fraternal, pensarán algunos. Lo cierto es que el apodado Hurricane ha anotado ya los mismos goles que el portugués en las islas. Y en muchísimos menos partidos (en defensa del luso, hay que reconocer que él solía jugar escorado en una banda).

Comparaciones aparte, nadie puede discutir que Kane es actualmente uno de los mejores delanteros de todo el planeta. Una vez superada la maldición de agosto, mes en el que nunca consigue ver puerta, el ariete inglés se ha convertido en un torbellino imparable, anotando con las dos piernas, con la cabeza, desde el área pequeña o desde fuera de ella. Nadie escapa a sus latigazos.

El ya citado Pochettino tiene mucho mérito en todo esto. El argentino aterrizó en White Hart Lane en 2014 y nada más llegar implantó el sello que tantos elogios le produjera en el Southampton: confianza a la gente joven. Lo hizo con el desconocido Dele Alli o con Eric Dier, pero con aquel atacante de cabello rubio repeinado hacia atrás se llevaría la palma.

Tras una primera temporada de aclimatación, el Tottenham se convirtió en la única alternativa a los posteriores campeones de la Premier (Leicester en 2016 y Chelsea en 2017). Y aunque el funcionamiento de todo el colectivo era sobresaliente, para Harry Kane los elogios se quedaban cortos. Así, a día de hoy acumula 84 goles en 123 partidos con la elástica de los Spurs, incluyendo los de la última jornada liguera.

Este curso, con los dos clubes de Manchester más enfurecidos que nunca, el Tottenham sigue soñando con un título al que se acerca pero no llega. Si Hurricane continúa con su actual racha, todo es posible. Incluso, más allá de la Premier League, y pensando en Inglaterra y en el Mundial de Rusia.

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