Todavía estamos iniciando el mes de octubre, pero todos los aficionados al fútbol sabemos que la próxima Navidad será un poco más triste. Andrea Pirlo deja el fútbol. El jugador italiano lo tiene claro y así lo ha anunciado en una entrevista a la Gazzeta dello Sport. En diciembre, cuando termine su contrato con el New York City, colgará las botas.

El fútbol pierde otro artista con Pirlo, que sin lugar ha dudas se irá como uno de los mejores centrocampistas del Siglo XXI. Porque además el italiano es un icono, un símbolo del giro hacia el balón que ha dado el fútbol en los últimos 15 años y cuyos mayores exponentes se han visto recompensados. Jugadores ligeros, débiles en lo físico, que tenían en sus pies y, sobre todo, en su cabeza, su mayor fortaleza para jugar y hacer que sus equipos jugaran. Él, Xavi, Iniesta, Kroos… el balón ha querido devolverles parte del cariño mostrado en forma de títulos.

Pero es el momento de decir adiós. Según él, en gran parte porque su cuerpo ha dicho basta: “Uno mismo se da cuenta de que ha llegado el momento. Tienes problemas físicos cada día, no puedes entrenar bien porque siempre te pasa algo. Es suficiente. No puedo jugar hasta los 50 años”. Así lo ha decidido, empujado a colgar las botas por unas lesiones que el año pasado sólo le permitieron disputar 15 partidos.

Pirlo deja el fútbol, pero su legado será eterno. El jugador ha ganado prácticamente todo lo que se puede ganar sobre el césped. Dominó el fútbol italiano en el Milan, primero, y liderando a la Juventus después. Se lleva seis Scudettos y dos Champions League, ambas como rossonero.

También fue el encargado de liderar a la selección italiana en la conquista del Mundial de 2006 y la transición del catenaccio a una azzurra con más gusto por el balón. En su ocaso decidió marcharse a la MLS para jugar sus últimos años en el New York City. Ahora que no puede darle nada más a este deporte, Pirlo se retira, eso sí, con una única espina clavada: no haber podido jugar en el Real Madrid.

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