Stephen Curry es una de las figuras más divisivas de la NBA. Nadie lo diría. Su aspecto aniñado en un deporte de gigantes y su capacidad nunca vista para anotar de larga distancia lo han convertido en un favorito de niños y mayores. Pero esa misma admiración genera una legión de críticos que desprecian los elogios continuados hacia el base de Golden State Warriors y rebajan su importancia histórica. Estos últimos deberían taparse los ojos y no leer lo que Steve Kerr ha dicho de su discípulo.

Kerr, que como jugador de los Chicago Bulls anotaba triples libre de marca mientras Michael Jordan atraía sobre sí a toda la defensa, acaba de proclamar que Curry está «ahora mismo en su punto álgido, física y emocionalmente». Dijo más. Afirmó que el dos veces MVP de la NBA es «el jugador ofensivo de mayor impacto, en relación a lo que le hace a las defensas, quizás de todos los tiempos». «Hay otros, obviamente Michael Jordan impactaba, pero el modo en el que Steph juega vuelve a las defensas temerosas de Dios como nada que yo haya visto», sentenció el entrenador de los campeones.

Decir que Curry condiciona las defensas rivales más que Jordan es asunto serio. Antes de que soliviantasen los críticos, el técnico nacido en Beirut quiso matizar que su base es solo el mejor jugador de baloncesto actual si se juzga el impacto atacante, pero si se tiene también en cuenta la defensa habría que aceptar las candidaturas de Kevin Durant, LeBron James y Kawhi Leonard. Aun así, no quiso rebajar las lisonjas a su jugador, alabando su generosidad: «Debe ser el número 30 de la liga en ratio de uso, así que fácilmente podría decir: ‘¿Eh, por qué no tengo la bola? Soy el mejor jugador ofensivo de la historia de la historia del deporte'».

Steve Kerr entrenó con Jordan y entrena a Curry. Su opinión no es la de un cualquiera. Y está diciendo que ve un pánico mayor en los rivales a la posibilidad de un triple de nueve metros de su jugador, que el que apreciaba en los defensores de la mayor leyenda del baloncesto. Es una revelación a pie de pista que resitúa, por si fuera preciso, la verdadera dimensión de Steph. Que, si atendemos a la pretemporada, es sideral.

No fue el único secreto sobre el warrior que conocimos en las últimas horas. Su mujer, Ayesha Curry, descubrió en televisión que el jugador siente fascinación por una parte concreta de la anatomía femenina: los pies. Cuando, al modo del sexo en los tiempos del whatsapp, la estrella manda a su pareja el mensaje «Send nudes!» («¡Envíame fotos desnuda!»), ella le remite capturas de sus pies descalzos.

Falta que los críticos se pronuncien sobre si este fetichismo es merecedor del Hall of Fame o no.

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